CORTES GENERALES
DIARIO DE SESIONES DEL
SENADO
Año 1998 VI Legislatura
Comisiones. Núm. 308
COMISION ESPECIAL SOBRE REDES INFORMATICAS
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. ESTEBAN GONZALEZ PONS
celebrada el martes, 16 de junio de 1998
ORDEN DEL DIA:
Comparecencias:
--De doña María Luisa Fernández Esteban, Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid (Número de expediente 713/000589).
--De don David Casacuberta Sevilla, Presidente de la ONG «Fronteras Electrónicas España» (Número de expediente 715/000230).
Se abre la sesión a las diez horas y treinta y cinco minutos.
COMPARECENCIA DE DOÑA MARIA LUISA FERNANDEZ ESTEBAN, PROFESORA DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE MADRID (713/000589).
El señor PRESIDENTE: Buenos días, señorías, se abre la sesión.
Comenzamos con la comparecencia de doña María Luisa Fernández Esteban, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid y autora del libro de reciente publicación «Nuevas tecnologías, Internet y derechos fundamentales».
A continuación, para exponer su punto de vista sobre la materia objeto de la Comisión, tiene la palabra doña María Luisa Fernández Esteban.
La señora FERNANDEZ ESTEBAN (Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid): Buenos días.
El objeto de mi ponencia es individuar aquellos aspectos más sobresalientes del impacto de Internet en los
derechos fundamentales que ampara nuestra Constitución.
En mi opinión, los temas importantes del impacto de Internet en nuestros derechos fundamentales son tres. El primero de ellos es la promoción del acceso a Internet por parte de los poderes públicos, que vendría impuesto por el artículo 9.2 de la Constitución. Este aspecto voy a dejarlo al margen de mi intervención y, si ustedes quieren, lo trataremos después.
Me voy a dedicar a intervenir sobre los dos temas siguientes que son: el impacto de Internet en el derecho a la libertad de expresión, amparado en el artículo 20 de nuestra Constitución, y el impacto de Internet en los derechos a la vida privada, es decir, aquellos recogidos en el artículo 18.
Para comenzar con el tema «libertad de expresión e Internet» es pertinente referirse en primer lugar, brevemente, a los modelos que existen en la actualidad para regular la libertad de expresión en los medios de comunicación tradicionales. Hay una clara distinción entre medios privados, como el teléfono o el fax, en los que hay una comunicación bidireccional entre dos individuos y en los que la libertad de expresión está muy poco regulada, con muy pocas limitaciones, y los medios de comunicación de masas que, naturalmente, tienen más limitaciones legales. En estos últimos cabría distinguir entre la prensa escrita, con pocas limitaciones, y la radiodifusión --la radio y la televisión-- que contiene numerosas limitaciones en cuanto al contenido, en cuanto a lo que puede hacerse público a través de ella o en cuanto a otros derechos recogidos en numerosas leyes que se refieren a radiodifusión. Estos son básicamente los modelos con los que contamos para hacer frente a la libertad de expresión en Internet.
Me gustaría resaltar que, en mi opinión --y no soy la única, la mayor parte de la doctrina opina lo mismo--, estos modelos son inválidos para hacer frente a los problemas que plantea Internet en relación con la libertad de expresión.
Como saben ustedes, existen fundamentalmente cuatro modos de comunicación a través de Internet: El correo electrónico, que se parece al correo ordinario; los boletines de noticias, en los cuales un centro emisor emite noticias a los receptores y que podía parecerse a los periódicos; los foros de discusión, en los que hay un intercambio multilateral de opiniones --quizás el símil más parecido sea el de una plaza pública en la que las personas intercambian opiniones-- y la información procedente de la «World Wide Web», que podría asimilarse a una gigantesca biblioteca a la que la persona va buscando información.
Esta característica propia de Internet de reunir estos modos de comunicación tan distintos y dispares hace que no le sea aplicable un tipo de regulación similar a los ya previstos, a los tradicionales que he comentado antes. En principio la doctrina entiende que de establecerse algún régimen debería aplicarse el menos restrictivo para la libertad de expresión, es decir el contemplado en el teléfono o en la prensa escrita, pero en ningún caso el de la radiodifusión. Como vamos a ver a continuación, todo esto ha sido objeto de controversia y en varios países ha dado lugar a cierta polémica.
Debido a su especial naturaleza, Internet plantea problemas específicos.
En primer lugar, me voy a referir a la responsabilidad por los contenidos vertidos en Internet. Hay que tener en cuenta el carácter mundial y global de Internet; la facilidad con la que las informaciones contenidas en Internet cambian de servidor o de país, algo que se puede realizar en cuestión de segundos; y la especial posición de los proveedores de acceso a Internet, aquellas personas jurídicas o físicas que dan acceso a Internet a nivel particular. Estos proveedores de acceso no pueden asimilarse, salvo contadas excepciones, a los de las empresas de radiodifusión, porque en el caso de Internet existen por todo el mundo y proporcionan el acceso a millones de personas, con lo que surge el siguiente problema: si estas personas físicas o jurídicas que dan acceso a Internet, que en mi opinión y en la del resto de la doctrina no pueden asimilarse a los de radiodifusión, tienen capacidad suficiente para controlar la información que pueda verter un tercero a su servidor. La cuestión es ésta. Por ello, la situación de los proveedores de acceso ha dado lugar a dispares situaciones en Estados Unidos y en Alemania. Hace no más de una semana en Alemania, concretamente en el Estado de Baviera, el representante de «Compuserve»-Alemania ha sido condenado por un juez por transmitir información ilícita vía Internet, sobre todo pornografía infantil y contenidos racistas, aunque él no tenía arte ni parte en esta distribución, sino que simplemente se limitaba a permitir el acceso a Internet a millones de usuarios en Alemania. En cambio en Estados Unidos parece claramente asentada la jurisprudencia de que los proveedores de acceso no son responsables de los contenidos vertidos por terceros a Internet.
¿Cómo solucionar esta situación? La ley alemana de 1997 plantea un sencillo esquema para regular la responsabilidad de los proveedores de acceso en el caso de que un tercero vierta información en Internet. En primer lugar, los proveedores de acceso tienen responsabilidad plena sobre sus propios contenidos, los vertidos por ellos mismos; en este caso no se plantea ninguna duda.
En segundo lugar, se establece una responsabilidad condicional por informaciones vertidas por terceros en su servidor; es decir, por informaciones que los particulares vierten en el servidor. ¿Por qué? Porque los mayores proveedores del mundo como «Compuserve», «América on line», proporcionan acceso a millones de personas, siendo para ellos prácticamente imposible controlar la información que vierten los usuarios en sus servidores. Por eso la ley alemana prevé una responsabilidad condicional, pudiendo hacer responsable al proveedor de acceso sólo si se prueba que tenía conocimiento de la información ilegal vertida en el servidor; por tanto, la aplicación de esta responsabilidad condicional está sujeta a dicha comprobación previa.
En tercer lugar, no responsabilidad de los proveedores de acceso por información presente en cualquier parte de la Red de Internet que no esté en su servidor. En ningún caso se puede hacer responsable al proveedor de acceso de la información que pueda estar en cualquier servidor o parte del mundo. Este es el esquema básico de la ley alemana de 1997, que parece bastante razonable.
El segundo problema específico que plantea Internet es la protección de la juventud y la infancia. Algún caso ocurrido en nuestro país y en otros ha causado especial alarma social sobre la aparente impunidad que rodea al mundo de Internet. Si quieren ustedes después comentaré lo ocurrido en Vich, donde en unos ordenadores de unos estudiantes de la localidad se encontró el mayor registro de fotos de pornografía infantil hallado nunca en Europa.
Hay que decir que Internet no opera en una laguna jurídica, está presente en nuestro Código Penal y en numerosas leyes, pero es preciso, a la hora de afrontar este problema, distinguir entre dos tipos de contenidos; una distinción que ha hecho suya la Comisión Europea en un importante documento de 1996. Los dos tipos de contenido serían: el contenido ilícito, aquel que es constitutivo de delito, y que para apreciarlo habría que acudir a las legislaciones penales de cada país, en el nuestro al Código Penal. Y en contraposición a éste encontramos el contenido nocivo o dañino, información presente en Internet que, a veces amparada por un derecho constitucional como es la libertad de expresión, es legal, aunque sea perjudicial para un determinado tipo de personas; tal es el caso, por ejemplo, de la pornografía que, aun siendo un tipo de información legal, es reconocido que es dañino para los menores.
Estos dos tipos de contenido requieren un tratamiento distinto. El contenido ilícito requiere una persecución penal, una actuación de la policía, pero, teniendo en cuenta el carácter mundial y global de Internet, las posibilidades de persecución penal son muy limitadas, salvo que haya cooperación internacional. Como he dicho antes, es muy sencillo y se hace en cuestión de segundos cambiar de servidor y de país. Además, lo que es ilícito y está penado en un país está amparado por la libertad de expresión en otro, salvo en contadas excepciones. Tal es el caso de la pornografía infantil, que en numerosos países está penada muy severamente mientras que en nuestro país su tenencia no constituye delito, aunque sí su creación y el uso de menores para este fin.
El contenido nocivo consiste en cierta información que supone una ofensa a valores y sentimientos de algunas personas, por ejemplo, a los menores.
¿Cómo contrarrestar este posible efecto nocivo del contenido dañino? La Comisión Europea y el Consejo de la Unión en una recomendación del 28 de mayo plantean fundamentalmente tres soluciones, que deben ser aplicadas simultáneamente para atacar este problema desde distintos frentes. En primer lugar, tanto la doctrina como las instituciones comunitarias, entienden que no es necesario introducir nuevas prohibiciones a la libertad de expresión en Internet; es decir, no debería prohibirse en Internet lo que es posible publicar en otros medios. De este modo, si la pornografía está disponible en prensa escrita, no debe prohibirse en Internet. Hay que tener en cuenta que Internet no opera en una laguna jurídica, que el Código Penal contempla delitos penales que hacen ilícita cierto tipo de información.
En cuanto a este aspecto me gustaría referirme a una iniciativa legislativa de Estados Unidos, que quizá ustedes conocen, la «Congress Decency Act», Ley de decencia en las comunicaciones, que declaró inconstitucional el Tribunal Supremo en una sentencia de 27 de junio de 1996. Esa ley del Congreso norteamericano prohibía la presencia en Internet de información que podía publicarse en la prensa escrita, por ejemplo, la pornografía.
La sentencia del Tribunal Supremo norteamericano es interesante porque, por primera vez, un tribunal constitucional se enfrenta a la naturaleza de Internet y define ciertos aspectos importantes que le llevaron a declarar la inconstitucionalidad de la ley por vulnerar la libertad de expresión.
En primer lugar, Internet no es asimilable a la radiodifusión, no se parece a la televisión. ¿Por qué? Porque la televisión invade los hogares. Este es un criterio que ha llevado durante decenios a la regulación estricta de la libertad de expresión en la televisión. La televisión invade los hogares, penetra por su capilaridad, y por eso ha de ser más controlada. En cambio, el Tribunal Supremo dice: Internet no invade, porque los usuarios deben navegar, deben buscar la información, deben recogerla. Este es un punto muy importante porque es la clave para entender por qué declaró inconstitucional la ley.
El segundo punto de apoyo de su decisión es que existen modos de controlar esa información nociva menos perjudiciales para la libertad de expresión que la prohibición de ciertos contenidos, y aquí se refirió el Tribunal Supremo a algo de lo que voy a hablar un poco más tarde, que son los filtros de contenidos, esos programas que permiten el control del usuario desde su propio ordenador.
Por último, en esa sentencia es muy interesante la caracterización de Internet que hace el Tribunal Supremo norteamericano como un nuevo medio que democratiza la información. Internet permite que cualquier usuario pueda ser un emisario de información. Ese es un aspecto muy interesante de Internet: cualquier usuario puede emitir, a su vez, información. Esta ya no está en manos de unos pocos magnates de la información, de unas empresas, como sucede en el caso de los medios de comunicación tradicionales, sino que cualquiera puede emitir información, y ésta puede llegar potencialmente a millones de personas. El Tribunal Supremo norteamericano entiende que ese aspecto revolucionario, democrático, de Internet debe ser amparado, protegido y estimulado.
Hemos visto el primer punto que se refiere a atacar este contenido nocivo de Internet, que es la no prohibición de aquello que es accesible en otros medios.
El segundo aspecto, el segundo punto de ataque a este contenido nocivo es la autorregulación. ¿Qué quiere decir con esto el Consejo de la Unión en su recomendación? La autorregulación significa códigos de conducta, es decir, que los proveedores de acceso estipulen unas normas para sus clientes. Esta forma de regulación flexible, es decir, al margen de las normas a las que estamos habituados, leyes y reglamentos, se estima que puede ser mucho más eficaz que un control a través de normas legislativas y normas reglamentarias. Significa que si una persona accede a Internet a través de un proveedor de acceso deberá cumplir unas normas que le impone ese proveedor. Eso es lo que se denomina código de conducta, y también deberá existir una coordinación entre las distintas empresas para
que haya una homogeneización, una coordinación en estos códigos.
También en este sentido, el Consejo estima que es importante la creación de líneas directas que permitan a los particulares que navegan por Internet denunciar aquellos contenidos dañinos o ilícitos. Esta iniciativa está teniendo mucho éxito. En países de nuestro entorno existen iniciativas de este estilo, como en los Países Bajos, Inglaterra, Alemania, Holanda, etcétera, y en mi opinión es uno de los métodos más eficaces: poner un correo electrónico, un teléfono o un fax, en el cual los particulares pueden denunciar la presencia, por ejemplo, de pornografía infantil o de contenido ilícito.
El tercer punto que hace suya la recomendación del Consejo de 28 de mayo es el uso responsable de Internet, el control por parte del usuario. Esto se considera también un método eficaz de control de la información en Internet. Actualmente existen en el mercado numerosos productos que funcionan como filtros, a través de los cuales se puede controlar la información desde el propio ordenador, es decir, que se puede controlar la información a la que se puede acceder desde el propio ordenador.
Existen distintos tipos de filtros, algunos de los cuales son, por ejemplo, las listas blancas: sólo se va a poder acceder a aquellas direcciones previamente fijadas. Este tipo de filtro tiene bastante éxito en escuelas de niños pequeños, en Estados Unidos. La empresa fija unas direcciones a las que pueden acudir los menores. Está pensada para niños pequeños, imaginemos sobre todo el Canal Disney o ese tipo de páginas de Internet que pueden ser lúdicas para los menores, sin peligro para ellos y que los inicia en el mundo de Internet. Frente a esto están las listas negras, es decir la elaboración por parte de la empresa de una lista de páginas de Internet con contenidos peligrosos o nocivos para los menores, a las que no puede accederse desde el ordenador y, por lo tanto, el padre o el tutor pueden controlar que su hijo o el menor no pueda acceder a ese contenido peligroso.
Existe otra iniciativa, que es la «picks», una especie de etiquetado de las páginas de Internet, que permite que sólo se pueda acceder a aquellas que tengan etiquetas y que los padres puedan regular a qué tipo de contenido quieren o no que sus hijos accedan.
Existe en Estados Unidos una ultimísima propuesta muy reciente, que se llama Prudence, que está pensada sobre todo para adolescentes. Significa que no hay una censura previa. Sin embargo, existe ese programa-filtro que hace una especie de copia de las páginas a las que el menor accede en su navegación por Internet, y así el padre o el tutor pueden controlar a posteriori a qué páginas ha acudido el menor. Esto se considera apropiado sobre todo para adolescentes casi adultos.
A este respecto, me parece especialmente interesante una propuesta que está presente en la Ley francesa de Telecomunicaciones de 1996. En ella se introdujo la obligatoriedad, por parte de los proveedores de acceso, de suministrar filtros. A la hora de contratar un servicio de Internet, los clientes ya tienen automáticamente la posibilidad de usar esos filtros, porque la Ley francesa lo impone.
En definitiva, considero que Internet no debe convertirse en un espacio apto para todos los públicos. Mi opinión y la de la doctrina mayoritaria es que en Internet debe permitirse todo tipo de información que se pueda encontrar en el mundo analógico, que no esté prohibida, que no constituya delito. Otra cosa es la visita guiada, el control por parte de los usuarios del acceso a Internet.
Voy a pasar a hablar, en segundo lugar, de vida privada e Internet, de los derechos del artículo 18 y de cómo incide en ellos Internet.
Como ustedes saben, las nuevas tecnologías han configurado la información como la riqueza más fundamental de nuestra sociedad. Las nuevas tecnologías, y entre ellas Internet, han creado una nueva mercancía que es el intercambio de datos. Es particularmente inquietante algo que sucede en Internet, pero que no sólo ocurre en ella, sino en cualquier otro tipo de servicios interactivos como televisión digital, televisión a la carta, «pay per view», etcétera, y es la dependencia cada vez más estrecha que existe entre el disfrute de servicios y la obligación que tiene el usuario de proveer de datos personales sin darse cuenta.
Es cada vez más importante el acopio de datos que hace todo tipo de empresas proveedoras de servicios, tanto en Internet como en empresas de televisión, etcétera. En palabras de Vicente Verdú, la aldea global puede convertirse en la desnudez de la intimidad. Es especialmente preocupante cómo la intimidad del individuo es cada vez más frágil en Internet.
Los peligros fundamentales para la vida privada que pueden encontrarse en Internet son, en primer lugar, la difusión mundial de datos personales, de la imagen de las personas. Un caso especialmente sangrante fue el que tuvo lugar con el ex Presidente de la República francesa, Mitterrand. A los pocos días de su muerte, en la Navidad de 1996, su médico personal publicó un libro contando los últimos momentos, la agonía de Mitterrand y la información a la que él tuvo acceso precisamente por ser su médico personal. Rápidamente la familia de Mitterrand intentó un secuestro judicial de ese libro, pero para ese momento ya se habían vendido 40.000 copias en el mercado y alguien puso una en Internet, en un cibercafé.
Como el secuestro judicial sólo se refería a copias en papel no se pudo retirar esa información de Internet y al mes siguiente ya existían numerosísimas copias en todo el mundo. Tanto en Estados Unidos, como en otros países se reflejaba en sus páginas el acceso a ese material.
Incluso, para el mes de febrero ya existía una traducción al inglés. Este es un caso, por tanto, que pone en evidencia la desnudez en la que se encuentra el individuo frente a Internet.
Otro segundo peligro, también bastante importante, es el relativo a la elaboración de perfiles de los usuarios de Internet. El acopio de datos, cada vez mayor, que realizan numerosas empresas, proveedores de acceso, servidores, etcétera, ha llevado a la elaboración de perfiles más y más precisos de las personas. ¿Cómo tiene lugar este acopio de datos? En la mayor parte de los casos sin conocimiento del usuario. Un primer modo es mediante el intercambio de las llamadas «cookies». Las «cookies» --o galletas, en inglés-- son una especie de tarjeta de visita que los ordenadores
intercambian entre sí. Cuando una persona, a través de su ordenador, va navegando por Internet va intercambiando su tarjeta de visita, su «cookie», con los servidores a los que va teniendo acceso, de modo que éstos se van haciendo con numerosos datos del usuario que llega hasta ellos. Y otro segundo modo mediante el que se hace acopio de información de datos de las personas que navegan por Internet es el correo electrónico, una especie de nombre que los usuarios tenemos y que puede ser muy útil a la hora de seguir la huella electrónica de las personas por Internet. Incluso se podrá elaborar así un perfil sobre gustos, pertenencia a partidos políticos, ideología, según, por ejemplo, el acceso de la persona a boletines de información o grupos de discusión.
Finalmente, me gustaría referirme a la criptografía, que origina un problema discutido especialmente en Estados Unidos. Las comunicaciones, tanto a través de Internet, como en los nuevos medios de comunicación, son cada vez más vulnerables. Esto implica una creciente demanda de protección de las comunicaciones que a través de estos medios se realiza, y la criptografía, que tiene como objetivo la codificación de mensajes, consiste en el arte de crear y usar métodos para disfrazarlos, de tal modo que sólo el receptor del mensaje sea capaz de descifrarlo y hacer uso del mismo. Por otra parte, la criptografía moderna usa algoritmos matemáticos cada vez más potentes y la seguridad de estos medios de codificación llega a tal punto que es virtualmente imposible romper una información, entrar en una comunicación codificada con los últimos algoritmos que actualmente se manejan en el mercado.
Así, la criptografía ofrece tres aspectos fundamentales: en primer lugar, la confidencialidad de la información, puesto que garantiza que sólo el receptor podrá acceder a dicha información; en segundo lugar, la integridad de la información, es decir, nadie en el transcurso de esa comunicación ha podido verter información dentro de aquélla; y, en tercer lugar, la autenticidad de la información, esto es, la información proviene del usuario que dice haberla emitido.
Estos dos últimos aspectos, integridad y autenticidad de la información, no plantean especiales problemas. Existe una recientísima propuesta de la Comisión Europea, de finales de mayo, sobre firma digital, destinada a estimular el comercio a través de Internet. Por tanto, la firma digital puede ser un elemento clave de crecimiento de Internet, puesto que se garantiza la autenticidad y la integridad de la información. Imaginen ustedes los contratos a través de Internet o el comercio electrónico, el cual se verá enormemente beneficiado por la existencia y reconocimiento legal de estas firmas digitales.
Pero el problema fundamental lo plantea la confidencialidad de la información que garantiza la criptografía, ya que en este aspecto existen dos intereses en conflicto. No obstante, en primer lugar, hay que decir que la criptografía es una ciencia en constante evolución destinada a crear algoritmos cada vez más difíciles de quebrar, para lo que, por otra parte, se requieren ordenadores cada vez más potentes. A pesar de ello, no hay un algoritmo inquebrantable, es una cuestión de tiempo, si bien es cierto que para romper los últimos algoritmos, de 64 dígitos, se requieren ordenadores que muy pocas entidades y, desde luego, poquísimos particulares poseen.
Y, como les decía, en la discusión que en Estados Unidos tiene lugar a este respecto se ven enfrentados dos intereses fundamentales: por un lado, la necesidad de garantizar la seguridad de las comunicaciones, que, como vemos, también tiene implicaciones importantes en el desarrollo comercial de Internet, y, por otro, la necesidad de proteger la seguridad nacional, es decir, el interés que el Estado puede tener en un momento dado en abrir una comunicación. Esto puede parecer no demasiado importante, pero les aseguro que toda la discusión sobre la criptografía y los derechos a la protección de las comunicaciones tiene lugar en torno a este punto, es decir, la confidencialidad es víctima de su propio éxito, que es la garantía de la misma. Y hasta tal punto llega el temor de los poderes públicos, de los Estados, frente a la criptografía que en muchos de ellos está prohibido su uso y en otros, como en Francia y Estados Unidos, se equipara al comercio de armas y está prohibida su exportación, de modo que una persona que envíe a otro usuario de Internet una información codificada de este tipo en Francia, por ejemplo, puede encontrarse con problemas legales muy graves, incluso con penas de cárcel; y en otros países, como el nuestro, no existe una prohibición y una regulación específica.
Llego a mis conclusiones, muy pocas, porque espero a las preguntas para profundizar en estos temas.
En primer lugar, me gustaría recalcar que los modelos que tenemos en la actualidad para regular la libertad de expresión --modelos privados y modelos de comunicación de masas-- no son aplicables a la realidad que supone Internet. Hay que ofrecer soluciones imaginativas y atacar los problemas que se plantean desde distintos frentes, es decir, no existe una solución única para los problemas que plantea Internet, sino el estudio de tales problemas desde distintos frentes.
En segundo lugar, me gustaría acabar refiriéndome a una terminología que se emplea en derecho económico, que es la noción de «cero defectos». ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que cuando algo nuevo entra en el mercado --por ejemplo, pensemos en las tarjetas de crédito cuando empezaron a ser un medio común de pago-- hay que estimular su uso. Por tanto, para estimular el uso de algo a nivel comercial hay que crear la sensación de que ese sistema tiene cero defectos, es decir, que es totalmente seguro. Imagínense ustedes si cuando empezaron a funcionar las tarjetas de crédito los particulares no hubieran sabido que si compraban un artículo por cien pesetas no se les podía cargar mil pesetas en su cuenta, quizás las tarjetas de crédito no hubieran llegado a tener el valor y el desarrollo que conocemos en la actualidad.
Esto quiere decir que si queremos que se desarrolle Internet, que en Estados Unidos es considerado el tercer motor de la economía, que actualmente mueve el 40 por ciento del producto interior bruto norteamericano, hay que garantizar y crear la sensación de que ese sistema tiene cero defectos. En primer lugar, a través de la protección efectiva de los menores, como digo, no a través de leyes,
no a través de la demonización de Internet, sino de sistemas inteligentes, métodos alternativos y la lucha desde distintos frentes.
En segundo lugar, a través de la garantía de la seguridad de las transacciones, la firma digital y, en mi opinión, la criptografía. El miedo que tienen los estados no puede vencer a la criptografía, sino que es más interesante que Internet se desarrolle, porque en mi opinión es la tecnología del siglo XXI.
Muchas gracias, señor Presidente.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, profesora Fernández Esteban.
A continuación abrimos un turno de portavoces. Por el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra el Senador Lavilla.
El señor LAVILLA MARTINEZ: Muchas gracias, señor Presidente.
Agradezco a la compareciente la exposición clara que nos ha realizado, y las reflexiones y preguntas que a continuación le formularé se basan en algunos principios que afectan a derechos constitucionales regulados por nuestra Constitución, valga la redundancia, así como a otros que no ha citado, pero que también pueden movernos de alguna manera a la reflexión.
En cuanto a los poderes de acceso a Internet, ha hablado incluso de las dificultades que existen para controlar la información, puesto que ésta puede suministrarse desde diferentes países, se puede cambiar de servidor con relativa facilidad, y eso, de alguna forma, dificulta el control de esta información. Concretamente Juan Luis Cebrián, en su libro «La red», nos remite a la siguiente reflexión. ¿Quién manda aquí? El gobierno del ciberespacio. ¿No piensa usted que tal vez se necesita una legislación lo suficientemente globalizada como para controlar, a nivel mundial, esta información? Porque si no va a ser muy difícil desde una legislación de un determinado estado controlarla. Por eso sería bueno conocer quién manda para saber cómo se le regula a aquel que manda. Precisamente hay una reflexión sobre la importancia que tiene Internet y las nuevas redes de la comunicación, que lleva a que muchos países, como por ejemplo China, consideren mucho más importante a Bill Gates que el propio Presidente de los Estados Unidos. Por tanto, esta primera reflexión nos conduce a pensar si no se podría llegar a un enunciado referente a los principios de los derechos fundamentales con una legislación más general, y qué pasos habría que dar para conseguirlo, si a través de algún organismo internacional o qué valoración hace de este planteamiento.
En todo caso, también ha hecho referencia a la existencia de pornografía infantil en la red y al contenido lícito. En una comparecencia pasada, concretamente el profesor Miguel Angel Quintanilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Universidad de Salamanca --y hemos hecho referencia en alguna ocasión diversos portavoces al ejemplo que nos ponía--, nos decía que una madre le preguntaba si podía dejar a su hijo acceder a Internet, y le llevó a la siguiente reflexión: «No le deje salir a la gasolinera, porque allí también hay revistas.» De alguna manera, la madre entendió que el problema no era la existencia de un material que pudiera ser nocivo para su educación o no adecuado para el nivel de madurez del niño, sino que lo que había que hacer era compartir de una manera didáctica y pedagógica el uso de la red. Más bien como principio educativo y preventivo, pero sin demonizar su uso, porque como todo medio es un instrumento, y dependiendo del uso que se haga del mismo se pueden obtener unos resultados u otros.
Por tanto, en este sentido sería bueno subrayar que Internet no es malo, sino que depende del uso que se haga de él, y precisamente en el ámbito de la educación infantil se soluciona, como comentaba en la tarde de ayer, con una educación compartida de los hijos. Incluso en la exposición de su argumentación señalaba que precisamente se diferencia la televisión de Internet en que la primera, nada más con conectar el botón --y un niño de tres años puede hacerlo-- se tiene acceso a una determinada información que puede ser incluso mucho más perniciosa que Internet, en materia de violencia, de asesinatos, de todo ese tipo de agresiones que, por ejemplo, aparece a las cuatro de la tarde en cualquier emisora de las existentes hoy en España; sin embargo en Internet hay que buscar, localizar la información y además muchos de estos programas no son gratuitos, con lo que tal vez no deberíamos demonizar demasiado la red, sino subrayar el carácter educativo en positivo que se le puede dar.
Por otro lado, también ha comentado el tema de la vida privada en Internet, es decir, la dependencia que pudiera existir entre la aldea global y la desnudez del individuo frente a la información que se puede obtener desde diferentes medios, bien a través del correo electrónico o de las «cookies». Es verdad que debido a la concentración de la información, aunque existe una gran diversidad de emisores, hay ya diversos autores que precisamente opinan que la sobreexplotación de la red y el exceso de información puede llevar incluso a limitar la libertad, porque quien no sepa seleccionarla, puede ver limitado ese derecho de acceso a la información que regula precisamente el artículo 20 de nuestra Constitución.
El periodista Ignacio Ramonet, en un artículo publicado el lunes, 1.º de junio de 1998, reflexionaba respecto a Internet, y no sólo respecto a ella porque muchas de las reflexiones que nos podemos hacer no afectan exclusivamente a Internet, sino que tienen una reflexión generalizada hacia otros medios de comunicación, salvando las distancias que existen en todos ellos. El subrayaba la concentración de medios de comunicación que se está produciendo en el mundo, incluso se preguntaba cómo podría sobrevivir una prensa independiente, no sólo en el campo de Internet, sino en todos los medios de comunicación, dado que la información se está ubicando en el terreno de la mercancía. Y hablaba precisamente de que el poder mediático, el poder de los medios de comunicación se sitúa ya por encima del poder político y a muy corta distancia del poder económico, dado que influye en todas las decisiones que se toman en este aspecto.
Muchas veces, los planteamientos y reflexiones que nos podemos hacer en relación a Internet los podemos hacer también en relación a todos los
medios de comunicación, en una sociedad más globalizada donde, como he dicho, el exceso de información puede llevar precisamente a limitar el acceso de los ciudadanos a la misma.
Ha mencionado también, en otro tercer bloque, como mecanismo de defensa para proteger la intimidad del correo electrónico y de los mensajes que los usuarios hagan, la criptografía y la codificación de mensajes, lo que ocurre es que en este sentido también tenemos que realizar la siguiente reflexión. Si ya es difícil para muchas capas sociales el acceso y el uso de Internet, no digamos la dificultad que puede suponer para estas personas, no sólo usar y acceder a la red, lo cual sería deseable, sino además codificar sus mensajes. Por tanto, tal vez ésta no sea una solución, debido a que solamente una capa social muy limitada de la población va a ser capaz de codificar sus mensajes. Quizá la protección de la intimidad y de los mensajes que los usuarios realizan a través de la red debería de ir en otra dirección, puesto que si no, como ya he dicho, sólo unos pocos podrán ser capaces de garantizar la intimidad de sus comunicaciones, y el Derecho Constitucional no sólo es para unos pocos, sino para todos.
Ha citado estos principios constitucionales, pero también me gustaría referirme, aunque fuese desde el terreno de la utopía, a otros que también regula la Constitución, y sobre los que quisiera saber su opinión. Por ejemplo, en el artículo 27 se nos dice que todos tienen derecho a la educación; en el mundo cambiante de las nuevas tecnologías la educación se debe acompasar, a todos los niveles y con carácter general, con la enseñanza de estas nuevas tecnologías para que no queden relegados o para que no se produzcan diferencias entre unos niños y otros. Me gustaría conocer su opinión en este terreno.
Algunos comparecientes nos han explicado que el concepto del tiempo y del empleo puede cambiar. El artículo 40 de nuestra Constitución, tanto en su punto primero como en el segundo, habla precisamente del pleno empleo, y me gustaría preguntarle cómo entiende usted que el acceso a estas nuevas tecnologías y la cada vez más pujante influencia que tiene Internet en la economía puede afectar al derecho constitucional del pleno empleo.
Por otra parte, me gustaría preguntarle cómo podemos defendernos los consumidores y usuarios, tal como señala el artículo 51 de nuestra Constitución, no solamente con un carácter limitado a través de la criptografía sino a través de principios más generales que pudieran ser tal vez una aldea de legislación más global que pudiera afectar a todos los países y que éstos debieran de suscribirlo lo mismo que ocurre con otras normas y leyes que tienen un carácter más general.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, Senador Lavilla.
Tiene la palabra la profesora Fernández Esteban.
La señora FERNANDEZ ESTEBAN (Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid): Gracias por las preguntas. Vamos a ver si puedo contestar a las cuestiones que se han planteado.
El control mundial de la información. Esto es imposible. Ni siquiera la Carta de las Naciones Unidas la han suscrito todos los países del mundo.
Ni siquiera ese Tratado Internacional que funda las Naciones Unidas lo han suscrito todos los países. Internet es una red mundial global. Basta con que un solo país no esté de acuerdo para que ese tratado internacional posible carezca de sentido. Imagine, por ejemplo, el momento tan candente que se vivió entre Iraq y Estados Unidos, cuando Iraq o Libia ponían numerosas páginas con información sobre cómo preparar bombas o sobre grupos terroristas. Basta con que un país no esté de acuerdo para que esa iniciativa se vea muy mermada.
Es cierto que existen discusiones en el ámbito internacional en distintos foros. No solamente el G-7 más Rusia han hablado de esto el año pasado en una conferencia internacional que tuvo lugar, creo recordar, en Bonn, sino que también la Unión Europea, el Consejo de la Unión y la Comisión Europea estudian las posibilidades de hacer algo a escala internacional.
En fin, existen discusiones en distintos ámbitos internacionales, y qué duda cabe que la cooperación es muy necesaria, sobre todo en Europa occidental, en el ámbito de la Unión Europea puede que sea uno de los modos de controlar la información que quizá vaya a tener más éxito, pero no cabe decir, en mi opinión, que esto vaya a ser la panacea, porque basta con que un país se niegue para que ese intento de control no tenga sentido.
Hablando de controles, usted ha mencionado China. China no sé si en la actualidad, pero es cierto que hasta hace por lo menos uno o dos años tenía una lista de personas que tenían acceso a Internet y controlaba el tipo de páginas que esas personas visitaban. Por lo tanto, no era muy respetuoso con los derechos fundamentales, como se pueden imaginar. Y otros países como Vietnam o Camboya tienen listas y saben a dónde van los usuarios de Internet. Les tienen muy controlados. Incluso hay países que han impedido totalmente el acceso a Internet, países asiáticos que no quieren ver esa puerta abierta a la libertad de expresión que es Internet. En Internet no hay puertas a la libertad de expresión.
No demonizar Internet. Naturalmente estoy de acuerdo. El ciberespacio va a ser el espacio donde se van a desenvolver en el futuro la mayor parte de las relaciones humanas. Eso es un hecho, porque Internet ha tardado en alcanzar los 70 millones de usuarios cuatro años cuando la televisión tardó 15, y cada cien días se duplica el número de usuarios de Internet.
Eso quiere decir que, si siguiese este ritmo de crecimiento, en el año 2003 habría más usuarios de Internet que personas en el mundo. Esto es imposible, pero da una idea del crecimiento de Internet.
Por supuesto estoy de acuerdo con usted en el tema de la educación compartida, es decir, no demonizar Internet y desde luego pienso que esa iniciativa que he mencionado, «Prudence», puede ser de mucha ayuda a los padres, es decir, una navegación tutelada de Internet de los padres con los menores.
La vida privada. Usted ha hablado del problema que existe con la concentración de medio. No es un problema
de Internet. Yo creo que Internet, en cierto modo, es una solución a ese problema. En Internet, como he dicho antes, potencialmente cualquier usuario tiene el mismo don de palabra que el «New York Times» y ése es un aspecto que subrayó el Tribunal Superior norteamericano, cómo democratiza la informatización, porque hay millones de servidores de información, millones de usuarios que pueden airear sus puntos de vista en Internet, como el «New York Times».
Desde luego estoy de acuerdo con que es un problema gravísimo que sucede más que en Internet en el resto de los medios de comunicación.
En cuanto a la codificación de mensajes, usted ha hablado de algo que yo no me había planteado, y es cómo es posible que se convierta en una especie de tecnología de elite lo de la codificación de mensajes. No he hablado aquí de mi opinión sobre el servicio universal, que debe incluir el acceso a Internet, por supuesto. Lo he dejado al margen para no cargar mi intervención. Está demostrado --y hay numerosos estudios en Estados Unidos muy competentes sobre este tema-- que el uso del correo electrónico es el primer paso para iniciar a las personas en Internet.
Proveer a todos los ciudadanos con un correo electrónico, como en cierto sentido sucede en Francia con el «Minitel», que virtualmente cualquier francés tiene un punto de acceso a través de «Minitel», significa que numerosas personas, no solamente en edad de formarse, que estén en las instituciones educativas, sino otros sectores de la sociedad que no conviene olvidar, como los que ya no están en la universidad ni en los colegios, pueden ir incorporándose a las nuevas tecnologías. Es muy importante no perder de vista la separación que se está produciendo entre aquellos que tienen acceso a la información y a las nuevas tecnologías y aquellos que no. Es una obligación, en mi opinión, del Estado de Derecho, garantizar que no habrá separación entre las personas que tienen acceso a las nuevas tecnologías y las que no, porque eso va a significar la exclusión en el mundo del siglo XXI, que va a ser un mundo en el que, como he dicho, la mayoría de las relaciones van a tener lugar en Internet.
Sobre la codificación de mensajes, una vez que todo el mundo virtualmente acceda a Internet, se comunique a través de ella y pueda tener su correo electrónico, querrá tener garantizado que el mensaje que está mandando no es leído por otra persona. En este sentido ya existe «software» gratuito que se puede conseguir en Internet. La PGP (Pretty Good Privacy) es un tipo de codificación de mensajes totalmente gratuito y de gran fiabilidad que existe en Internet.
El derecho a la educación. Naturalmente, he dicho antes que el Estado de Derecho tiene la obligación de que esa separación entre los que tienen acceso a las nuevas tecnologías y los que no no se abra más. Eso significa no solamente llegar a las personas que están formándose, a los niños, adolescentes y personas en la universidad, sino a todos los sectores de la sociedad. El aprendizaje en la sociedad de la información tiene lugar a lo largo de la vida, y la separación que se está produciendo entre los que tienen acceso a la información y los que no se está convirtiendo también no solamente en un problema económico sino en un problema generacional. Yo creo que la obligación que tiene el Estado es hacer llegar a todas las capas de la sociedad, incluyendo todos los sectores de la población --también a las distintas generaciones-- el acceso a Internet, pero por supuesto, el punto clave es el derecho a la educación, y aquí no cabe olvidar que Clinton ha lanzado una campaña de alfabetización informática que prevé que todas las escuelas de Estados Unidos estén conectadas a Internet para el año 2000.
Como les dije antes, se ha identificado a Internet como el tercer motor de la economía norteamericana. Este es un sector clave de futuro. Estamos hablando del futuro de la economía, en definitiva.
El artículo 30 y el pleno empleo. Naturalmente las nuevas tecnologías van a cambiar nuestra vida de un modo que todavía es difícil de predecir. En 1996 el 7 por ciento de los trabajadores en el Reino Unido eran teletrabajadores y vivían fundamentalmente en países asiáticos. Este porcentaje de trabajadores que van a ser teletrabajadores va a crecer y dispararse, y eso va a cambiar la estructura de trabajo: el teletrabajo va a dar más oportunidades a las mujeres por la flexibilidad; va a separar la frontera entre la vida privada y el trabajo; va a incorporar nuevas posibilidades de disfrutar del tiempo libre, pero también nuevos peligros de control de la información, y de hecho ya se están planteando numerosos problemas --por ejemplo, en la Comisión Europea existen personas que se encargan actualmente de estudiar el problema del acopio de datos en el teletrabajo, problema cada vez más grave el del control del empresario al trabajador, que se convierte casi en absoluto.
Respecto al artículo 51 y la protección de los consumidores, sólo me gustaría decir que existen ya grupos de navegación de la red; es decir, existen ya grupos que permiten una navegación guiada, sobre todo en los Estados Unidos, que tiene mucha tradición de asociacionismo en defensa de los derechos fundamentales. Por cierto, la Congress Decenty Act, la ley que declaró inconstitucional el Tribunal Supremo norteamericano, fue impugnada por una asociación proderechos fundamentales, la ACLU, American Civil Liberties Union; esa asociación de usuarios tiró una ley del Congreso de los Estados Unidos.
Gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, profesora Fernández Esteban.
A continuación, por el Grupo Parlamentario Popular, tiene la palabra el Senador Sava Garcerán.
El señor SAVA GARCERAN: Muchas gracias, Presidente.
Muchas gracias, profesora Fernández Esteban, por estar con nosotros e intentar aclararnos un tema tan problemático como puede ser la defensa de los derechos fundamentales en este nuevo mundo de Internet.
Permítame que le cuente mi experiencia. En el Parlamento Europeo, hace más o menos dos años, hubo una reunión abierta no solamente a parlamentarios, sino al mundo de la empresa y a la sociedad, acerca de las dificultades
que ofrecía Internet en cuanto a la protección de los derechos fundamentales teniendo en cuenta que iba a ser uno de los grandes motores de la economía en los años venideros. En esta discusión sobre libertad de expresión, intimidad y vida privada de las personas, un profesor nos decía -- y así nos lo ha contado usted también-- que si bien a través de un medio masivo como la televisión o la radio la intimidad de las personas puede ser atacada y fácilmente defendible --aunque también ponía casos de dificultades en la defensa--, Internet es una cosa completamente distinta. El hacía un paralelismo un tanto gracioso --y perdone la mala traducción--: decía que la consulta de una página «web» no estaba masificada, sino que había que ir a por ella, había que ir a buscarla; era más o menos como en el pueblo de donde él procedía ir a casa de la señora que tenía una lengua «vip», una lengua viperina, y todo el mundo que fuera a su casa podía escuchar cualquier malignidad de otra persona del pueblo. Ahora bien, esto era muy fácil en un pueblo, pero con Internet uno podía acceder desde todo el mundo a esa lengua viperina. El contraponía los derechos económicos --que, naturalmente, son prioritarios en el mundo en el que nos movemos-- con la dificultad de defender los derechos fundamentales, teniendo en cuenta también que los Estados tienen legislaciones diferentes y, por consiguiente, la protección es bastante diferente.
La dificultad que él veía en todo esto era, como ha dicho el Senador Lavilla, que en todos los lugares se defiendan igual los derechos fundamentales, el problema de la territorialidad de las leyes y, sobre todo, la trasnacionalidad que el fenómeno de Internet va a suponer para todas nuestras sociedades, más aún en las sociedades democráticas que quieren defender la intimidad de las personas. Pero él hacía una distinción --y me gustaría que usted nos diera su opinión sobre lo que deberíamos hacer a nivel del Estado español-- entre lo que es nocivo o dañino, que podría ser subjetivamente valorado por las diferentes sociedades, y lo que es francamente ilícito. El nos decía que hoy día las redes internacionales de delincuentes sí poseen el dinero y la tecnología para cifrar y descifrar mensajes, y que ante eso había que delimitar lo que tiene que ser la cooperación internacional; cooperación internacional
--o trasnacional, como él la llamaba-- que, de la misma manera tradicional que nosotros celebramos tratados con otros países, podría ser establecida a través de una comisión internacional dentro del ámbito de un organismo internacional fiable para los actuales Estados. En definitiva, me parece acertadísima la iniciativa de la lista Prudence en cuanto a lo nocivo o dañino, y en cuanto al contenido ilícito --que puede ser un canal de comunicación para aquellas redes internacionales de delincuentes que trabajan con esos mecanismos, cuando en algunas ocasiones nuestras policías van todavía en patinete con la porra y con el pito-- habría que establecer una cooperación internacional
--trasnacional-- dentro de organismos fiables y ése sería el camino.
Yo no sé hasta qué punto --por eso quisiera conocer su experiencia y su opinión-- nosotros podríamos establecer unos parámetros para legislar o adaptar legislaciones en España a fin de evitar, sobre todo en el plano de lo ilícito, la proliferación de contenidos que puedan ser dañinos para la seguridad del Estado o de las personas. No cabe duda de que en la contraposición entre lo que es economía --que tira tanto-- y lo que son derechos fundamentales hay una tercera visión, y es que las sociedades actuales no se ponen de acuerdo en cuanto a lo que es nocivo y dañino, y el profesor veía una gran dificultad en la difusa línea entre lo nocivo o dañino y lo delictivo. Me gustaría saber si usted es partidaria de esa legislación trasnacional y dentro de qué organismos, si le parece correcto que se instaure en España, si no está instaurada --perdone mi desconocimiento--, la lista Prudence o el sistema lista Prudence y si usted cree que toda esta transformación puede suponer un freno al desarrollo de la economía a través de Internet.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Sava.
Para responder a sus preguntas, tiene la palabra la profesora Fernández Esteban.
La señora FERNANDEZ ESTEBAN (Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid): Gracias, por las preguntas.
Estoy de acuerdo con lo que dijo ese profesor en el Parlamento Europeo, como creo que ha quedado claro de mi intervención. El problema que plantea Internet es, en cierto modo, que es una caja de resonancia de lo que ocurre en los medios de comunicación que no son Internet con la protección de la vida privada y de la intimidad. Su carácter global, su carácter mundial, hace que los instrumentos que actualmente tenemos de protección de esos derechos de la vida privada se queden muy limitados.
En Estados Unidos los casos de defensa de la vida privada, difamación, etcétera, son muy comunes, cada vez más, y les voy a poner un ejemplo.
Existía en Internet un vídeo pornográfico sobre la actriz Pamela Anderson y su marido; la actriz Pamela Anderson emprendió, naturalmente, acciones judiciales para paralizar esa información de Internet que le afectaba a ella. El otro día al pasar por un kiosko de prensa lo vi, lo vendían allí, y eso trasladado a Internet significa que esa información yo la puedo poner aquí, la puedo poner allí y la señora Pamela Anderson deberá litigar conmigo aquí, allí, etcétera, para intentar paralizar esa información, y basta que se le escape un país para que cualquiera pueda acceder a ese vídeo que la perjudica tanto. Esto pone de relieve la insuficiencia de esos medios; hay que articular algo porque los medios procesales con los que contamos son muy rudimentarios para hacer frente a estos problemas.
Y, naturalmente, chocamos --como usted ha dicho-- con la protección diferente de la vida privada que existe en los distintos Estados. No es lo mismo la protección de la vida privada que existe aquí que la que existe en los Estados Unidos, porque allí la libertad de prensa frente a la vida privada cuando un hecho es noticiable no tiene límites, en cambio aquí sí. Luego nos encontramos con un problema
fundamental, y es que no nos acabamos poniendo de acuerdo sobre los derechos fundamentales. Parece que en el mundo occidental todos tenemos un acuerdo claro sobre lo que son derechos fundamentales, pero en la práctica existen numerosas diferencias entre España y Estados Unidos o incluso entre España y Alemania. Por ejemplo, sobre el derecho a la libertad de expresión existen informaciones que en Alemania serían constitutivas de delito mientras que aquí serían perfectamente legales.
¿Qué hacer con el cifrado de mensajes y los delincuentes que están en la red? Por supuesto, eso está en la mente de los estadistas cuando piensan en prohibir o limitar el uso de la criptografía por parte de los delincuentes. La delincuencia internacional empieza a ser un problema gravísimo en Internet, pero no hace falta que se trate concretamente del narcotráfico, del comercio de armas o de ese tipo de delincuencia.
Cada vez resulta más peligroso el uso del terrorismo informático simplemente por gusto. Por ejemplo, puede darse el caso de una persona que se aburre y para la que todo su reto en la vida sea entrar en los sistemas que controlan la navegación aérea en España. Pues bien, se paralizaría el sistema. Hay que estar preparados para eso. Pero no tiene por qué tratarse de un terrorista que pretenda quedarse con miles de millones de pesetas. Bastaría con que hubiera una persona aburrida y aficionada a la informática que quisiera hacer eso.
Eso está pasando continuamente. Si ese tipo de gente entra en el Pentágono, ¿por qué no van a entrar en sistemas claves de nuestra sociedad como ése o en el reparto de aguas en Madrid, que está todo informatizado, o en toda la información relacionada con los trenes? El que eso empiece a ocurrir es sólo cuestión de tiempo. Y, desde luego, me consta que en Estados Unidos dedican muchos millones de dólares a intentar evitar que eso suceda.
Repito que eso es cuestión de tiempo, porque ese tipo de personas, los «hackers», lo que buscan son los puntos vulnerables de cualquier sistema.
Igual me da que sea la navegación aérea que el fichero de notas de una universidad, que los ficheros de Hacienda, o la salida y entrada de trenes en todo el territorio nacional. Cualquier cosa puede pasar.
En cuanto a la cooperación trasnacional, como he dicho, existen iniciativas al respecto en distintos ámbitos. Ese es uno de los modos de luchar contra estos problemas, pero no es la panacea ya que Internet no es una red europea sino mundial. Por ello, basta con que un país no quiera prestarse a esa cooperación para que el efecto de la misma sea muy limitado. Qué duda cabe que esa cooperación sí puede ser útil sobre todo para controlar contenidos ilícitos que puedan publicarse en Europa a través de la EUROPOL o de sistemas de intercambio entre las policías nacionales.
Particularmente me gustaría hablar de lo que podemos hacer a este respecto en España. Usted ha preguntado lo que podemos hacer aquí para luchar contra la proliferación de contenido ilícito y nocivo en Internet.
Pues bien, creo que podemos hacer distintas cosas. Precisamente aquellas cosas en que menos se piense, aquellas que suponen un menor gasto en realidad son más eficaces que otras más costosas y más complicadas.
Por ejemplo, entre las iniciativas que he mencionado anteriormente y que existen ya en todos los países de nuestro entorno, están, entre otras, algunas asociaciones de proveedores de Internet, que dejan una línea abierta para poner denuncias, sea un correo electrónico o un teléfono, línea en la que los navegantes de Internet que encuentran una información ilícita o dañina la pueden denunciar. En ese momento, los poderes de acceso pueden ponerlo en conocimiento del proveedor de acceso en el que está esa información, con lo cual ese proveedor de acceso ya no puede alegar desconocimiento; e incluso se le puede decir, como en los Países Bajos, lo siguiente: Si usted no obliga a que se suprima esa información, le vamos a denunciar a la policía; lo pondremos en conocimiento de las autoridades competentes.
Eso está empezando a tener mucha eficacia puesto que, además, ya no se puede alegar desconocimiento; ese proveedor será corresponsable de esa información y, por otra parte, creo que es uno de los medios más baratos que pueda haber. En los Países Bajos, por ejemplo, ya no existe pornografía infantil debido a esta iniciativa que, como digo, no resulta demasiado cara y es fácil a la hora de ponerla en práctica.
La otra iniciativa que me parece especialmente interesante podría ser la de obligar a que cuando se provea del acceso a Internet a los particulares, se les otorgue también la posibilidad de utilizar programas-filtro. Cuando alguien compra, por ejemplo, el «Windows 98», ese programa debería llevar incluido un programa-filtro sin necesidad de que el comprador tenga que comprarlo aparte o buscarlo en Internet. Debe proporcionárselo su proveedor de acceso. Por eso comentaba antes algo que me parece muy positivo en la legislación francesa, la obligatoriedad de que eso lo hagan los proveedores.
En lo que a la policía se refiere, me parecería interesante que en ese órgano que debe coordinar toda esa línea de denuncias hubiese alguien, por ejemplo, un grupo de personas del Ministerio del Interior, que recibiera a su vez esas denuncias para que investigara lo que se ha localizado en Internet como ilícito o nocivo a través de las denuncias de los particulares.
En cualquier caso, la ayuda que pueden prestar los particulares, los propios navegantes de Internet, es inestimable, como lo es, desde luego, la cooperación de nuestra policía con las de otros países a través de los medios que ya ofrece la Unión Europea, y especialmente el intercambio de información. Es decir, más que promulgar leyes y prohibir cosas, debe haber distintas iniciativas que cuestan poco dinero y que han demostrado ser muy eficaces en otros países.
Gracias.
El señor PRESIDENTE: Abrimos un último turno de preguntas.
Tiene la palabra en primer lugar, el portavoz del grupo Parlamentario Socialista, Senador Mòdol.
El señor MODOL PIFARRE: Muchas gracias a la señora Fernández Esteban por su comparecencia.
Quisiera formularle alguna pregunta y hacer unas reflexiones muy breves, no porque discrepe de lo que ha dicho en su intervención, sino por apuntar un elemento más en esta reflexión conjunta que estamos haciendo.
(El señor Vicepresidente, Ruiz-Ayúcar Alonso, ocupa la Presidencia.) Un derecho fundamental que me preocupa es el derecho al trabajo.
Efectivamente, creo que los parámetros de este derecho van a cambiar tremendamente. Todavía existe una gran dificultad --y en las comparecencias de ayer se apuntó-- relacionada con el cambio cultural que hay que operar en los hogares ya que los menores están acostumbrados a que cuando papá y mamá trabajan están fuera y cuando están en casa se les puede molestar --dicho entre comillas-- porque es su hora de ocio. Es decir, que habrá que limitar esos espacios.
Pero también me preocupa otra cosa. Usted ha dicho algo que es cierto, que puede que exista un problema generacional, pero yo creo más bien que va a ser al revés, y le digo a continuación en qué baso mi opinión.
Cuando la sociedad industrial se establece, existen cortes generales entre las personas que empiezan a trabajar a los 11 y 12 años y que terminan su ciclo de trabajo a los 70 años si es que llegan a esa edad.
En cualquier caso, el relevo generacional en los trabajos se produce de 30 en 30 años o de 40 en 40, mientras que los avances tecnológicos se producen de generación en generación. Es decir, que las generaciones que se incorporan al mundo del trabajo cambian los hábitos técnicos. Es cierto, por tanto, que existen saltos generacionales entre unos y otros, pero el problema generacional queda homogeneizado, por decirlo de algún modo.
¿Qué ocurre cuando la sociedad industrial pasa a ser ese nuevo término
--que a mí no me gusta y que se llama postindustrial-- en el que se aceleran los cambios técnicos? Pues lo que hacen estas sociedades industriales es acortar la vida laboral, es decir, alargan el período de incorporación al mundo del trabajo hasta los veintitantos o los 30 años incluso, y acortan, por otro lado, la jubilación acudiendo a las prejubilaciones, con lo cual, ese conflicto técnico también se produce.
Pero yo creo que a lo que vamos ahora es a algo mucho más acelerado. Es decir, los cortes técnicos en la habilidad laboral no se producirán entre gentes de distintas edades sino de distintas habilidades, de tal manera que habrá --pienso yo-- jóvenes trabajadores de 50 años y viejos y rudimentarios trabajadores y trabajadoras de 20 años.
Por tanto, la pregunta que le quiero hacer se refiere a si los Estados podrán legislar en positivo en ese sentido. Creo que los diferentes Ministerios o Consejerías de Educación y Cultura ya no podrán limitarse a planificar estudios desde los cuatro años hasta los veintitantos, sino que seguramente tendremos que plantearnos la forma de que los ciudadanos, tengan la edad que tengan, puedan acceder a las nuevas habilidades que cada año van apareciendo. Creo que ésa debería ser una preocupación fundamental. Existen ya planes incipientes de formación ocupacional de adultos, pero, en mi opinión, habría que ir a otro tipo de planes que no se llamaran planes ocupacionales de adultos sino, por ejemplo, planes de modernización social hacia las nuevas técnicas o algo así, a los que pudieran acceder personas desde los 15 años hasta los 95.
Gracias.
El señor VICEPRESIDENTE (Ruiz-Ayúcar Alonso): Muchas gracias.
Tiene la palabra don Félix Colsa.
El señor COLSA BUENO: Muchas gracias.
Bienvenida a esta Casa, que es un poco la de todos. En principio me gustaría hacer alguna breve observación, así como tres preguntas que me han surgido al hilo de las intervenciones escuchadas a lo largo de esta mañana.
Yo, que soy sólo un aficionado en esto de Internet, lo que sí observo cada vez que se habla de este tema, no sólo en el Senado sino fuera de aquí, es que al final siempre se acaba hablando del control de la información que aparece en Internet. Al fin y al cabo Internet es una especie de sistema de intercomunicación y, como tal, el usuario podrá utilizarlo como quiera o como sepa. Además, creo que el problema que está preocupando fundamentalmente a los gobiernos y a los usuarios es que se trata de un sistema tan novedoso que se desconoce cuál será su alcance; de hecho, las opiniones que aparecen en prensa o los libros que se publican al respecto apuntan un poco hacia dónde puede dirigirse Internet y qué puede suponer en el futuro de nuestras vidas, pero al final nadie sabe exactamente en qué va a acabar todo esto, si es que realmente va a acabar en algo. Por lo tanto, estos problemas que se suscitan sobre el control creo que encierran en sí mismos el miedo de los Estados a esa falta de instrumentos de control de Internet.
Entro a formularle una de las preguntas que quería hacerle, y es si usted cree que realmente hay que controlar algo en Internet, al margen de la información ilícita. Lógicamente, los delitos penales deben controlarse en Internet y en cualquier medio de comunicación, pero lo que me cuestiono no es eso, es si hay que controlar algo de Internet, o simplemente dejar que fluya como lo está haciendo. Y eso sería compatible con el posterior establecimiento de un sistema de autocontrol, al que se refirieron ayer algunos intervinientes y al que usted también ha hecho mención. Ese autocontrol nos conducirá al final a que, por ejemplo, el terreno de los menores de edad se tenga en cuenta por parte del sistema de formación educativa y en la familia. Son sistemas de autocontrol que depositan cierta responsabilidad en otras personas que no son el usuario menor de edad, sino en las personas que en ese momento tienen su tutela, que generalmente son sus padres. Esa sería mi pegunta.
Quisiera hacerle otra pregunta, y no entro en más reflexiones, y es si usted cree que Internet tiene más cosas positivas que negativas. Se habla de los aspectos nocivos de Internet, y, aunque yo soy de los que piensa que tiene muchísimas más cosas positivas que negativas, me gustaría conocer su opinión personal; no la de la doctrina, sino la suya, aunque usted también hace doctrina.
Otra cuestión que quiero abordar es sobre la iniciativa Prudence. Me resulta gracioso que en Estados Unidos surjan
iniciativas de control de la moralidad, porque es un país donde la violencia está presente hasta en la calle, y estaba antes de que Internet existiera. Es decir, no creo yo que Internet propague ningún tipo de violencia ni de información que promueva al ejercicio de una nueva violencia. Por ejemplo, el tráfico de información pornográfica, de armas o de las iniciativas violentas existía antes de aparecer Internet, y por ello supongo que si Internet deja de existir continuarán todos estos problemas. Como decía al principio de mi intervención, creo que el problema no es Internet. (El señor Presidente ocupa la Presidencia.) Habría que discernir sobre estas cuestiones cuando nos referimos a este tema. Creo que en cierto modo existe un motivo para atribuir a Internet todos estos elementos negativos, y es el miedo de los Estados, no del usuario, porque al final comprueban que es un sistema que escapa a su control. Personalmente considero que Internet es muy beneficioso para los ciudadanos y, en particular, para los países donde no existe la democracia, donde están prohibiendo su uso por miedo a que pueda atacar su sistema político, ya que poner a disposición de los ciudadanos una información tan abundante, tan continuada y tan novedosa puede hacerles pensar que existen otros sistemas u otras formas de vida.
Estas son, en definitiva, las tres preguntas que quería plantearle. Al formularle la última, la de la iniciativa Prudence, pretendo conocer su opinión sobre la misma. Yo no voy a calificarla ni de negativa ni de positiva, aunque me parece ingenua. Es decir, que un padre o una madre al llegar a casa pueda comprobar a qué información ha accedido esa tarde su hijo, es como si contratara a un espía para que siguiera de cerca a su hijo y le detallase lo que había hecho durante la tarde: que ha ido a un kiosco de pornografía, que ha visitado una tienda de armamento donde ha visto todo tipo de armas y de navajas y que ha estado a la puerta de los colegios de nuestra ciudad donde se vende droga. Lo normal es que ese chico reciba una educación por parte de sus padres, de forma que le enseñen lo que es bueno y lo que es malo y por qué, pero, en última instancia, él será el que elige, salvo que le pongamos detrás a una persona durante todo el día para que le vigile. Por eso creo que el sistema Prudence --y con esto finalizo mi intervención-- es un tanto ingenuo, fruto de la sociedad de la que proviene, pero me gustaría conocer su opinión al respecto.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, Senador Colsa.
Tiene la palabra el señor Martínez Oblanca.
El señor MARTINEZ OBLANCA: Muchas gracias.
Quiero agradecerle a la señora Fernández Esteban su comparecencia de hoy, porque me ha resultado muy interesante. En otras ocasiones hemos tenido comparecientes muy entregados a la causa de Internet, aunque sin duda usted también, pero ha planteado, además, ciertas cuestiones que alertan sobre algunos peligros del manejo de Internet.
Por ejemplo, ha subrayado la escasa garantía de la confidencialidad en Internet, o apuntó lo preocupante que es que la identidad del individuo pueda quebrarse cada vez más a través de Internet. Pero, sobre todo, me ha inquietado una frase en la que decía que Internet no es un espacio apto para todos los públicos. Efectivamente, el uso de las tecnologías por parte de los niños tiene sus riesgos, pero del mismo modo que los tiene Internet los tiene la televisión o el uso del teléfono, aparatos muy comunes en cualquier domicilio. Hay que recordar que hace años se podía adivinar el contenido de una película emitida por televisión porque antes de comenzar aparecían uno o dos rombos, según los casos. Ya no existen rombos, pero teóricamente las cadenas de televisión se ciñen a un código deontológico que permite discriminar las películas en función de los horarios, de forma que emiten las películas violentas en horarios nocturnos o poco habituales para los niños. Igualmente, existen discriminadores de llamadas telefónicas que impiden, por ejemplo, que un niño pueda acceder a un número de teléfono 906.
En cualquier caso, creo que en el manejo de las tecnologías, tanto las nuevas como las ya existentes, cobra fundamental importancia la participación de los padres. Si yo actúo como un padre irresponsable permitiré que mis hijos vean películas muy violentas o películas X, o que llamen por teléfono a una línea «party line», con lo que, además, se resentirá bastante la factura telefónica a final de mes.
Usted aboga por la protección efectiva de los menores, pero la pregunta que nos hacemos, no sólo yo sino también los demás, es cómo. Con toda sinceridad he de decirle que no parece que existan instrumentos legales o tecnológicos que lo hagan posible. Lo que sí existe es la conveniencia de una educación internáutica, que, como apuntaba el portavoz del Partido Socialista, tiene que ir dirigida a los escolares y a los adultos; y usted también lo señalaba al hablar del conflicto generacional. No sé si será una percepción mía equivocada, pero parece que los niños y los adolescentes nos dan sopas con honda a los adultos en el manejo de las nuevas tecnologías, y esto es clarísimo.
Los chavales están absolutamente al día en videojuegos, videoconsolas y ordenadores, mientras que en los adultos parece que existe un rechazo cada vez mayor; a mayor edad mayor rechazo. Hemos pasado en muy poco tiempo de matar marcianitos a manejar con un «joy stick» programas que nos permiten destruir el mundo o construir ciudades y los chavales se han adaptado a esto muchísimo mejor que los adultos. Por eso, siendo bueno que los gobiernos apliquen programas de educación escolar, tal vez --como decía el señor Mòdol-- sería mejor extender esos programas educativos a los adultos. Lo que me pregunto es si seríamos capaces de convencernos a nosotros mismos o a unas generaciones analfabetas --internáuticamente hablando-- de que deben recibir educación para que esa protección de los menores por la que usted aboga sea auténticamente efectiva.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Martínez Oblanca.
Tiene la palabra la profesora Fernández Esteban.
La señora FERNANDEZ ESTEBAN (Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid):
En primer lugar, me voy a referir al problema generacional al que han aludido tanto el señor Mòdol como usted.
Una de las cosas que más me inquietan es ver cómo los niños nos dan sopas con honda. Uno de los problemas que tienen estos programas filtro es que la capacidad de aprender que tienen los niños es casi ilimitada, por lo cual tratar de evitar a través de esos filtros que lleguen a páginas pornográficas en Internet es difícil, porque a veces los niños saben más que los que hacen los filtros. Si nos fijamos en las personas detenidas últimamente por entrar en el Pentágono o en la Casa Blanca, vemos que son adolescentes de dieciséis, diecisiete y dieciocho años. Estamos hablando de adolescentes y de niños que han entrado en el Pentágono, y si han hecho eso, ¿cómo no van a entrar en las páginas de Internet que deseen? En cuanto al problema generacional, yo creo que la educación de la sociedad de la información no puede limitarse a las instituciones de enseñanza. Es muy importante tener en cuenta que el aprendizaje en la sociedad de la información se realiza cada vez más al margen de las instituciones de enseñanza, es decir, cada vez adquirimos más conocimientos a través del consumo y del ocio. Hacer que no solamente las personas en edad escolar, sino todos los sectores de la sociedad, entren en Internet y tengan acceso a las nuevas tecnologías es un desafío titánico para el Estado, pero es un desafío necesario, porque hay que evitar que se agrave el conflicto generacional. Yo veo personas a mi alrededor, incluso colegas míos, profesores de universidad, que no saben utilizar un ordenador, y son catedráticos de universidad. Este me parece un problema bastante grave y creo que es un problema generacional, porque pocos niños conozco yo que no jueguen a los videojuegos. Si esto ocurre con un catedrático, que es una persona con una excelente formación intelectual, ¿cómo conseguir que una persona que no tiene estudios entre en Internet, la use, se aficione a las nuevas tecnologías y no quede separada de esos medios? Antes he mencionado una iniciativa que existe en Estados Unidos, consistente en unos estudios sobre los beneficios del correo electrónico universal, es decir, que todo el mundo tenga una dirección de correo electrónico. Una de las sugerencias que se hacen en estos estudios es que el Estado mismo comience a comunicarse con los ciudadanos a través del correo electrónico. Es decir, si el Estado debe hacer una comunicación, primero debe usar el correo electrónico y, en su defecto, el papel. Por ejemplo, se puede comenzar a cargar algo de dinero, hacer que la comunicación a través del correo electrónico sea gratuita y, en cambio, si el Estado tiene que enviar una carta cueste algún dinero, para que haya un modo por el que la gente se vaya aficionando a la utilización del correo electrónico, que es la puerta que abre Internet para el uso de la gente. Este sería un modo de promocionar Internet entre las personas que no están en edad escolar.
En relación al problema del miedo a Internet, ¿hay que controlar o hay que dejar fluir la información en Internet? Umberto Eco dice en un libro suyo que parece que los que hablan de Internet se dividen en dos grupos:
los apocalípticos y los integrados; los que piensan que Internet es el fin del mundo, que es un horror, que todo va a resultar horrible y que va a haber un montón de delitos y los que piensan que Internet es una cosa maravillosa, una revolución sin precedentes y que todo es perfecto.
Yo no quiero pecar de ninguna de esas dos posiciones. Para mí, Internet
--lo digo en mi libro-- es la revolución cultural más importante desde la imprenta, porque los ciudadanos tienen la posibilidad de emitir su información a millones de personas, como si fueran un periódico. Las páginas de los particulares pueden ser visitadas por millones de usuarios, como sucede ya en Estados Unidos y en todo el mundo. El carácter democratizador de la información que da Internet es radicalmente nuevo, es algo fantástico, algo que no había existido antes en la historia de la Humanidad. ¿Hay que frenar o paralizar esto? Yo creo que los beneficios de Internet sobrepasan en mucho a los defectos y los peligros que he señalado. De hecho, el Tribunal Supremo norteamericano, en su fantástica sentencia --se la recomiendo si alguien está interesado, de hecho yo voy a sacar un artículo en el próximo número de la «Revista Española de Derecho Constitucional» comentándola-- plantea esta cuestión:
los peligros de Internet. En ella dice que es más interesante no paralizar Internet, no poner trabas de tal modo que la gente no use Internet, sino promocionarlo. Asumamos los riesgos que genera Internet, porque los beneficios son muy superiores. Eso sí, hay que hacerlo con consciencia y con los medios que tenemos actualmente para controlar, en la medida de lo posible, la información.
Ahora me voy a referir a cómo podemos controlar. Me he referido antes a los programas filtro. Los programas filtro no son la panacea, evidentemente, pero son un medio bastante útil que permite controlar a qué información llegan los menores. Antes se ha apuntado aquí el peligro, la doble faz de estos filtros. Son modos de controlar al ciudadano. Es decir, existe el peligro de que los niños entren en un mundo en el que van a estar continuamente controlados. Esto no hay que despreciarlo. Un mundo en el que el ciudadano es controlado de modo tan cercano desde que nace, desde que entra en comunicación con los demás, puede plantear la pregunta de ¿dónde está la libertad? Es decir, controlemos que los menores no accedan a revistas pornográficas, pero es común que los adolescentes accedan a ellas. Por tanto, control, pero dejando libertad, porque no es cuestión de que los menores vivan en un ambiente totalmente controlado. Esto va a generar ciudadanos con miedo. La libertad es peligrosa, pero también genera responsabilidad. No hay que perder de vista esa doble faz de los filtros, como se ha apuntado aquí.
En cuanto a que Internet no sea un espacio apto para todos los públicos, yo pienso que no debería serlo, porque la vida no es apta para todos los públicos, porque las publicaciones no son aptas para todos los públicos y porque hay libros que los menores no deben leer. Pero prohibir eso en Internet porque los niños están ahí es coartar tremendamente la libertad de expresión. El término medio, en mi opinión, está en un uso responsable, en la educación, en el uso de filtros, pero no en impedir que las personas hablen de temas que no deben ser escuchados por menores, porque eso significa romper, limitar y coartar la
libertad de expresión. La libertad de expresión es el bien más precioso que otorga la democracia, es el fundamento de la misma. Sin libertad de expresión no hay ningún otro tipo de derecho. En mi opinión no se trata de que Internet sea como Walt Disney, sino de que sea lo más libre posible dentro de la legalidad, dentro de los límites penales. Permitamos que haya cualquier tipo de intercambio, eso sí, que los menores no entren a oír «chats» pornográficos, eso que lo hagan las personas adultas, para eso está la libertad de expresión.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, profesora Fernández Esteban, por su interesante aportación, que, desde luego, va a reportar muchos beneficios al trabajo de la Comisión.
Me permitiré decir que, después de haber oído a tantos técnicos, personalmente me siento muy reconfortado al volver a escuchar la voz del Derecho Constitucional.
Se suspende la sesión durante tres minutos, para recibir al siguiente compareciente. (Pausa.)
--COMPARECENCIA DE DON DAVID CASACUBERTA SEVILLA, PRESIDENTE DE LA ONG «FRONTERAS ELECTRONICAS ESPAÑA» (715/000230).
El señor PRESIDENTE: Reanudamos la sesión con la siguiente comparecencia, que es la del profesor David Casacuberta, profesor de Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona y Presidente de «Fronteras Electrónicas España».
Tiene la palabra el profesor Casacuberta.
El señor PRESIDENTE DE LA ONG «FRONTERAS ELECTRONICAS ESPAÑA» (Casacuberta Sevilla): Muy buenos días.
En primer lugar, deseo agradecer a los presentes esta posibilidad de hablar en este foro, por lo que realmente estoy muy contento. Espero que de esta iniciativa puedan salir cosas interesantes.
En segundo lugar, quiero felicitarle por lo que es la página «web» del Senado. Me ha parecido una iniciativa muy interesante, la posibilidad, por ejemplo, de seguir todas las comparecencias y preguntas habidas en el Senado, es decir, toda la información que ustedes están poniendo, porque precisamente es un ejemplo de lo que creo que tiene posibilidades para la política en este país desde Internet, la creación de este tipo de foros en los que los ciudadanos puedan opinar y, sobre todo, en los que que los representantes de los ciudadanos contestan, entablándose un diálogo dentro del cual es posible aumentar la cuota de democracia que tenemos en nuestro país a través de una serie de mecanismos que podemos ir comentando.
Como ya ha dicho el Presidente, soy profesor de Filosofía y Presidente de «Fronteras Electrónicas España», una organización sin ánimo de lucro, una ONG de estas famosas, y nuestro objeto es ser observatorio de lo que se llaman los ciberderechos, es decir, aquellos derechos básicos garantizados por nuestra Constitución, por la Declaración de los Derechos Humanos, que pueden estar en peligro o sufrir daños dentro del espacio de Internet. Por tanto, básicamente, observamos lo que sucede tanto en España, como en el resto del mundo a este respecto y vamos emitiendo una serie de boletines donde describimos esta situación y, sobre determinadas cuestiones, emitimos comunicados opinando sobre el tema, etcétera.
Esto nos da una base general desde la que espero hablarles de una serie de temas relacionados con la democracia en Internet, porque éste es precisamente el tema de mi pequeña charla: cómo convertir Internet realmente en un espacio democrático y participativo, porque siempre existe la posibilidad de que todo esto se convierta en fachada, es decir, que existan foros pero la gente no acuda a ellos, o sea un lugar donde no se debata nada importante, o que la población no conozca realmente las posibilidades existentes, etcétera. Es decir, tenemos el medio, pero tener el medio solo no es suficiente. Es necesario, pues, crear toda una serie de iniciativas, actuaciones, propuestas que permitan sacar el máximo provecho a este foro que es Internet.
En primer lugar, hay tres formas de entender la democracia en Internet.
El primer aspecto, el más instrumental, sería el considerar Internet simplemente como una herramienta, como un utensilio técnico que permitiera, por ejemplo, que las votaciones relativas a ayuntamientos, Comunidades Autónomas, etcétera, en lugar de hacerse físicamente metiendo un papel en una urna, se hiciera electrónicamente, o que Internet pudiera ser un sistema que nos permitiera enviar la declaración de la renta, etcétera. Esto no es malo, es una idea muy interesante, pero sería una lástima que nos quedáramos ahí. Simplemente lo utilizaríamos como un instrumento, cuando Internet puede potenciar lo que es el debate democrático, es decir, en lugar de reducirlo a realizar unas votaciones, podría permitir que comunidades de vecinos, ciudadanos con reivindicaciones específicas pudieran interpelar directamente a los políticos y que éstos contestaran. Y creo que éste es el aspecto que es interesante potenciar. Y cómo potenciarlo es lo que comentaríamos a continuación.
Hay diversas formas. Desde luego, hay que valorar las cuestiones administrativas, por ejemplo, hasta qué punto la opinión de los ciudadanos se tiene que tener en cuenta en una decisión política, tema en el que no entraremos, o cuestiones técnicas, por ejemplo, cómo crear «software» realmente seguro y que permita identificar a los usuarios, que no permita hacer trampas, por ejemplo, en una votación, etcétera, y en estos aspectos tampoco entramos --supongo que ustedes ya habrán tenido en esta Comisión a expertos en tecnología que les habrán orientado sobre estos temas.
Luego hay otro aspecto muy importante, que es el de conseguir un ambiente y una estructura general en la que los ciudadanos se sientan cómodos, y consideren que realmente vale la pena opinar. Porque imagínense ustedes una Internet superregulada, en la que el hecho de dar cualquier opinión pudiera suponer, en un momento dado, penas de cárcel, multas, etcétera; que la gente tuviera que ir pensando
continuamente qué dice y qué no dice; que hubiera unos registros impresionantes, como en la antigua Unión Soviética, donde al comprar una máquina de escribir tenía que registrarse y se hacían pruebas del tipo de máquina que se tenía, los errores que había en el teclado, de forma que si se detectaba un documento con ese error se pudiera enseguida coger a esa persona y detenerla. Imagínense una Internet así, en que uno tuviera que estar todo el rato pensando qué va a decir por posibles reprimendas.
Ese sistema no serviría para potenciar la democracia; quizás sería una tienda virtual excelente, aumentaría la economía, pero no tendríamos un sistema democrático.
En ese tipo de criterios me gustaría abundar, es decir, cómo podemos conseguir que Internet sea un lugar en el que la gente confíe, y diga: me parece un buen foro alternativo para lanzar opiniones y me siento cómodo en él.
El primer problema que se plantea es la cuestión de regular, de legislar, de poner orden. Una primera perspectiva que seguramente ustedes conocerán, y que quizás alguien haya defendido aquí, es lo que se ha llamado anarquismo de derechas o la posición de los pioneros del Silicon Valley, que parten del concepto de que la red es mejor dejarla a su libre albedrío, porque los criterios de eficiencia económica son suficientes para que funcione. Las empresas, las compañías de «software», los proveedores, por la dinámica normal, la famosa mano del mercado que todo lo puede se encargará de reajustarlo todo, de forma que todo vaya perfectamente. Nosotros nos declaramos en contra de este tipo de posición. Consideramos que la eficacia económica es un criterio muy interesante, pero sin duda no es el único. Piensen ustedes que si en la sociedad de la información sólo se prima el criterio de eficiencia económica, el único criterio real será que toda la información se utilice; pero estos sistemas --y son cuestiones de filosofía política, en las que tampoco quisiera entrar-- se caracterizan porque pueden ser injustos. Un sistema puede ser muy eficiente pero, al mismo tiempo, la información puede estar desigualmente repartida. Imaginen una sociedad en la que un 1 por ciento de la población tiene acceso al 100 por cien de toda la información que circula, mientras que el resto de la población sólo tiene acceso a un 10 por ciento. Imagínense que en esta sociedad toda la información está repartida, todo el mundo tiene acceso a una pizca de información de manera que no haya información que no se utilice; esa sociedad es eficiente, porque los recursos están maximizados, pero diríamos sin embargo que es injusta. En cambio, imaginen una sociedad en la que toda la población tiene acceso a prácticamente el 90 por ciento de lo que circula, y hay pequeñas parcelas que no están explotadas. Esta sociedad, por ejemplo, sería mucho más justa, pero en cambio sería ineficiente a nivel económico. Necesitamos una especie de criterio desde los gobiernos, los partidos políticos, las asociaciones, que hagan de Internet no sólo un foro económico, que esté guiado por la mano del mercado, sino también por criterios de igualdad, solidaridad, justicia, y todo ese tipo de cuestiones.
Nosotros también defendemos que los aspectos más peligrosos de Internet ya están propiamente regulados; como más adelante comentaré no existen delitos informáticos, sino que lo que existe es la explotación de recursos informáticos para cometer los delitos de toda la vida. Y eso ya está legislado, no necesitamos legislaciones alternativas para controlar Internet. Lo que podría ser peligroso ya está controlado; de hecho, lo único que necesitamos son sistemas que nos garanticen que cuando hay un conflicto de derechos nos guiemos por criterios de justicia. Por ejemplo, cuando mi libertad de expresión choque con el derecho a la privacidad de otra persona, que sea la privacidad de esa persona la que prevalezca y no mi libertad de expresión y, sobre todo, cuando se viole algún derecho fundamental de alguna persona en el ciberespacio que existan recursos, canales políticos a los que uno pueda recurrir; que no todo se quede en la mano del mercado.
Este es el planteamiento general y ahora entraríamos, como les he dicho, en qué criterios nos permitirán tener una Internet mucho más amable para el usuario, más igualitaria y más justa. Siguiendo también criterios de filosofía política tradicionales, me referiré a tres conceptos principales, que diríamos que son necesarios en una sociedad justa, ya sea de individuos o de entidades conectadas a la red. El primer aspecto es el respeto a las libertades básicas, sin lo cual no podemos tener una sociedad justa. La igualdad ante lo que se llama el azar social, es decir, que el hecho de que yo sea pobre o rico, viva en Barcelona o en un pueblo perdido de la sierra no sea importante a la hora de tener en cuenta mi acceso a Internet y mi posibilidad de obtener información y expresar mis ideas; y, por último, lo que podríamos llamar igualdad ante el azar natural, es decir, el hecho de que ciertas personas, por nacimiento, sean discapacitados físicos, tengan problemas de visión, por ejemplo, no represente un obstáculo para acceder a Internet. Yo me centraré en estos tres bloques e iré desglosando medidas concretas, que creo que es importante tener en cuenta en Internet.
Entro en el primer bloque que he mencionado, que es el respeto a las libertades básicas. El primer aspecto que me gustaría mencionar es que los ciberderechos realmente son importantes; no es cuestión de decir que, como son cosas nuevas, sobre las que los americanos sabrán mucho, no hay que considerarlas. Realmente son importantes, porque si el ciudadano no se siente cómodo, no se siente respaldado, tiene miedo de opinar porque puede tener problemas, nunca podremos crear un foro democrático; tendremos un buen sistema económico, pero ahí se acabará todo. Dentro de esta línea, el primer aspecto que me gustaría mencionar es que ciertos «ciberderechos», si me permiten el neologismo --y lo he repetido un par de veces, porque es la costumbre; espero que no les moleste mucho la expresión--, no son exactamente iguales a sus contrapartes en el mundo real, y esto normalmente va a la baja, y lo voy a explicar con un ejemplo. El libelo es un caso muy claro que hay que legislar en el Código Penal, por ejemplo, pero que fue creado con un criterio muy sencillo:
proteger a los individuos contra el poder de las grandes corporaciones de comunicación, a las cuales uno no podía rebatir. Si «El País» publicara mañana que yo soy un agente a sueldo de «Microsoft», por ejemplo, no puedo rebatir lo que ha dicho «El País», porque yo soy un individuo con muy poco poder
versus el que pueda tener «El País» sobre los medios de comunicación, y para eso yo puedo demandarles. Pero el problema es que --lo estamos viendo en Estados Unidos, y probablemente lo acabaremos viendo aquí-- en la sociedad digital, en el ciberespacio se está utilizando en el sentido contrario; son las grandes corporaciones, que tienen un poder absoluto para desmentir cualquier cosa, las que demandan a usuarios particulares, que tienen un poder de credibilidad muy relativo, porque si un individuo habla de Bill Gates y dice que está haciendo una política terrible con el «software», esa persona en un momento dado puede ser demandada; y eso, ¿por qué? Porque se ha copiado literalmente la estructura del libelo, en el que las publicaciones estaban siempre en manos de grandes corporaciones, y no se ha tenido en cuenta que en Internet cualquier individuo puede publicar, y no es lo mismo publicar en un diario que en una página web personal; ésos son aspectos que se tienen que legislar.
Otro ejemplo es la suplantación de identidad; es un delito que ha aparecido en algunas discusiones sobre asaltos de «hackers» a ordenadores, y vemos que a un individuo, entre los diversos cargos que se le hacen, se le acusa de suplantar la identidad por entrar en una cuenta utilizando el «password» de otra persona. Nosotros consideramos que ésa es una visión excesiva; la suplantación de personalidad tiene una significación muy concreta en el campo jurídico y si yo tecleo Ruth, porque me han dado esa contraseña, yo estoy suplantando al señor que es Ruth, que es una contraseña en una máquina, no suplanto a ninguna persona, aunque efectivamente estoy haciendo algo ilegal, porque desde luego entro en una máquina sin permiso, y eso es punible, pero no estoy haciendo una suplantación de personalidad. Hay que calibrar bien los términos.
Un segundo aspecto que ya he mencionado brevemente es la idea de que no existen los delitos informáticos propiamente dichos, sino que lo que existen son los chantajes, la difamación, el libelo, la violación de correspondencia, pero todos esos delitos ya están recogidos en el Código Penal de forma excelente, y no se han generado cosas nuevas por el hecho de existir Internet. La pornografía infantil existía antes de que estuviera en marcha Internet, y simplemente es un medio de transmisión perfectamente legislado. Otra cosa es que en algunos momentos algunas legislaciones no hayan tenido en cuenta que un delito también se pueda cometer mediante un ordenador. Aquí precisamente lo interesante del aspecto es que los ordenadores son medios; de la misma forma que uno puede hacer un atraco con una navaja o una ametralladora, también puede hacerse espionaje con un micrófono o entrando en un ordenador, pero el delito está tipificado: es espionaje.
Quizás la única excepción en este aspecto sería lo que se conoce como «hacking», es decir, el asalto a ordenadores, que no parece que tenga ningún referente claro fuera del mundo de los ordenadores. Normalmente se utiliza el símil de la violación del domicilio, pero esto es peligroso, porque automáticamente asociamos la entrada en un ordenador con la pérdida de privacidad, y eso no es así obligatoriamente. Por ejemplo, a muchos chiquillos les gustan los ordenadores y para ellos es una especie de reto intelectual entrar en una máquina y lo que hacen es una cosa que prácticamente no es dañina. No estoy diciendo que todos los «hackers» sean excelentes personas. Hay «hackers» que son criminales y que entran en máquinas para robar «software», para conseguir información que luego puedan vender, etcétera, y ésos son crímenes muy tipificados que entran en el campo del chantaje, robo de secretos, etcétera. Como digo, hay chavales que les hace gracia este tipo de cosas, entran en una máquina, ven la estructura, miran qué tipo de sistema es y se van sin haber hecho nada. Estas personas reciben la misma condena que otros criminales que realmente lo son y esto parece que es un poco contradictorio. Por ejemplo, la pena por acceder a un ordenador ilegalmente es la misma que por romperle la pierna a una persona. ¿Hasta qué punto podemos comparar a un chavalín que juega con estos otros criminales? Sin duda merecen algún tipo de reprimenda o castigo porque no se puede entrar en los ordenadores de los demás, pero quizá la ley sea excesivamente agresiva. Se está considerando a determinadas personas como criminales cuando realmente se trata de cierto tipo de gamberrismo infantil. De todas formas, lo podremos comentar más adelante.
Otro aspecto que quiero señalar es que a veces en el campo virtual, al que prácticamente no estamos acostumbrados y es muy diferente a nuestra vida cotidiana, es muy fácil no tener en cuenta cosas que son importantes. Por ejemplo, ustedes recordarán el «mail bombing», el envío de correo masivo a un servidor norteamericano porque alojaba páginas que contenían un apoyo implícito o explícito a la banda terrorista ETA. Fue durante los trágicos sucesos de Miguel Angel Blanco y la gente consideró aquello como un ataque contra ETA y en realidad fue un ataque contra un proveedor norteamericano que no conocía muy bien este tipo de problemas y que sufrió pérdidas económicas importantes. Aquello fue un acto de sabotaje, ni más ni menos. Seguro que a todos los ciudadanos españoles que enviaron aquellos «mails» como forma de protesta, creyeron que hacían algo inocuo, si se les hubiera dicho que lo que había que hacer era coger a los señores estos americanos que tienen la máquina y reventarles las ruedas del coche, romperles las ventanas y llamarles toda la noche por teléfono para «putearlos» --perdón por la expresión-- seguramente la inmensa mayoría de los españoles habría dicho: «No, yo no hago esto. Yo estoy en contra de ETA, pero lo que no voy a hacer es coger a un señor que el pobre está básicamente desinformado de estos temas para sabotearle.» Pero por el hecho de ser un campo virtual, muchos ciudadanos tenían la impresión de que no estaban haciendo nada, que era el equivalente a enviar una carta de protesta. Y aquello no era una carta de protesta, aquello era un acto de sabotaje. Algunos lo sabían pero la mayoría no.
Otro aspecto muy relacionado es que a personas que nunca cogerían la correspondencia de otro y la abrirían les parece que es inocuo mirar el correo electrónico --«total, de qué van a hablar éstos ahí por el correo eléctrico»--, y de hecho es lo mismo, el correo electrónico es el equivalente a nuestra correspondencia y podemos tratar temas muy privados. Por lo tanto, es muy importante que el correo no esté vigilado ni sea leído. Eso tiene que estar recogido
en la legislación, y algo más, tenemos que conseguir que ciudadanos y agentes de policía sean conscientes de que mirar el correo electrónico no es como ver a la gente por la calle, es como abrir su correspondencia, leerla y copiarla, por ejemplo.
Otro aspecto que quiero comentar es un principio que para nosotros es básico --probablemente haya aparecido pero nunca está de más repetirlo--, y es que es muy importante que lo que es legal fuera de la red también sea legal dentro de ella, es decir, a la hora de plantear informes, legislar, etcétera, este criterio tiene que ser básico. Si yo puedo conseguir una publicación en una librería tengo que poder conseguirla también en Internet. Un ejemplo muy clásico es el de los de publicaciones para fabricar drogas o construir bombas, que se podían conseguir en Internet. El caso es que esas mismas publicaciones se podían comprar contrarreembolso en la mayoría de los sitios y nadie se había preocupado de este tema nunca. Esos documentos estaban al alcance de cualquiera, eran fáciles de conseguir, no había tampoco identificación, es decir, un adolescente podía comprar un libro sobre cómo fabricar éxtasis en casa porque se vendía por correo tranquilamente. El tema es si queremos que esto sea legal fuera de la red --lo podemos discutir, sin duda--, pero lo que no puede ser es que exista un doble criterio; no podemos hacer que determinadas publicaciones estén garantizadas por la libertad de expresión fuera de Internet y en cambio dentro no se pueda. Ese es un criterio inconsistente. Esto nos lleva al problema --creo que ya han estado comentándolo en la sesión anterior-- de los menores. ¿Qué hacemos con los menores? Si un menor quiere comprar pornografía en un quiosco, como el quiosquero sabe que no puede hacerlo, suponemos que no se lo va a vender. Habrá alguna excepción, pero eso está tipificado y normalmente no lo hará. En cambio en Internet parece que la cosa es muy fácil.
El primer aspecto claro a la hora de tratar este tema es distinguir entre lo que es ilegal y lo que podríamos llamar nocivo para los menores. Esta distinción puede parecer baladí, pero el problema es que muchas legislaciones no lo hacían. Por ejemplo, la CDA famosa --imagino que ya la habrán comentado más de una vez-- no lo hacía. Mezclaba continuamente cuestiones ilegales con cuestiones puramente de control del acceso de los menores. Una cosa es la pornografía infantil, que es un delito que debe perseguirse dentro y fuera de la red, y otra cosa es la pornografía normal de adultos que lo único que tenemos que intentar es que los menores no tengan acceso a ella, si nosotros como padres consideramos que no tienen que tenerlo.
Esta distinción es muy importante y yo creo que hay que tenerla siempre en mente, porque si no se mezclan mucho las cosas y de hecho nuestra experiencia nos demuestra que muchas legislaciones, no sólo la americana, mezclaban estos temas, y eso es fatal; hay que clarificarlo bien.
Lo ilegal sólo tiene una respuesta, y es aplicar la legalidad con lo que haga falta: policías, investigaciones, etcétera, y desconectar este tipo de cosas. Esta experiencia es preocupante pero el tema es que Internet más que nada es un medio con el que se realizan estos crímenes. Piensen ustedes en la pornografía infantil. Para hacer pornografía infantil se necesita unos señores con un equipo que secuestren niños, y es aquí donde la policía puede actuar, y es de hecho la línea principal en la que debe actuar, atacar el delito en la raíz, es decir, en los productores de la pornografía. La transmisión también hay que vigilarla, pero tarde o temprano los delitos tienen una raíz en el mundo real, y es allí donde se puede actuar fácilmente y donde los sistemas policiales funcionan con la misma eficacia de siempre. El hecho de que esté la red por medio no es tan problemático, porque siempre que hay un delito, si hay un soborno o chantaje, habrá un momento en que se tendrá que dar físicamente el dinero al chantajista o al sobornador y es entonces cuando la policía podrá actuar, o sea, que el tema no es tan preocupante como parece.
Volvemos al tema de la nocividad. Nuestra premisa es que son los padres los que tienen la misión --y de hecho es normal que la tengan-- de decidir qué pueden ver sus hijos y qué no pueden ver. Cualquier intento de legislar esto parece problemático porque les estaríamos diciendo a los padres cómo tienen que educar a sus hijos en según qué temas. A ciertos padres igual no les importa la cuestión de la pornografía o estarán muy preocupados por la violencia; igual no les importa mucho que sus hijos vean una película pornográfica y no querrán que vean cosas violentas, pero para otros puede ser al revés; para algunos puede ser muy preocupante que sus hijos obtengan informaciones de sectas religiosas y otros puede que crean que su hijo ya tiene suficiente capacidad de discernimiento para decidir si eso es peligroso o no por él mismo.
Entramos en uno de los grandes debates actualmente sobre Internet que es la idea de los sistemas de filtrado y bloqueo; hasta qué punto estos sistemas nos permiten que sean los padres los que decidan qué es bueno o qué no es bueno para sus hijos. A la idea no le vemos ningún problema; la idea es excelente. Ojalá estos sistemas funcionaran y realmente permitieran lo que se pretende. Todo el material está en Internet y es usted el que decide a qué accede y a qué no accede. Porque esta cuestión no es sólo para menores, sino que en un momento dado, por ejemplo, yo puedo tener una sensibilidad religiosa especial que me impida ver páginas que hagan mofa de la religión. Yo puedo tener mi filtro contra ese tipo de páginas y no verlas. Están allí pero yo estoy tranquilo. La idea sería excelente, ojalá existiera este sistema. El problema es que lo que se nos ofrece ahora y lo que parece que se nos ofrecerá en un futuro cercano no cumple esas expectativas ni de lejos. Hay una serie de problemas.
Uno creo que ya lo han comentado, y es que son sistemas fáciles de desconectar por un menor. Son sencillos, hay una contraseña que es muy fácil de descubrir, de manera que muchos menores son capaces de desbloquear programas sin que sus padres lo sepan, de manera que el control parece que es inútil, pero éste no es el único problema. Hay muchos más. Uno muy claro es la dificultad de etiquetar. Hay contenidos que son muy fáciles de etiquetar --es muy fácil decir que el consumo pornográfico es pornografía, una película violenta es una película violenta--, pero consideren, por ejemplo, una página de información sobre sida para adolescentes. ¿Diríamos que eso es pornografía?
¿Impediríamos que nuestros hijos accedieran? ¿Preferiríamos entonces que cogieran el sida, por ejemplo, porque en esa página se habla de temas sexualmente explícitos? Y es que este tipo de sistemas no son capaces de distinguir ese tipo de cosas. Piensen, por ejemplo, en una página de una organización de derechos humanos --como ha sucedido-- que describe las torturas realizadas por los militares durante la dictadura argentina; las páginas categorizan eso como pornografía fetichista, pero ojalá que todos leyéramos eso y nos diéramos cuenta de la barbaridad que se cometió allí para intentar que no vuelva a suceder. En definitiva, hay toda una serie de información --la más importante de hecho y a la que más nos gustaría que nuestros hijos accedieran-- que tiene esos problemas, que es muy difícil de etiquetar con criterios gruesos del tipo «si aparece tal palabra» y que no podemos discriminar, lo cual me lleva al segundo problema: los sistemas de filtrado y bloqueo comenten errores y es muy difícil evitar que los cometan.
Por un lado tenemos el sistema de bloqueo, es decir, yo quiero que este ordenador no entre en tal servidor «web» --por ejemplo, no quiero que mi hijo lea la página del Senado, para lo cual elijo dicha página, tecleo Senado e impido que se acceda--. Pero los sistemas de bloqueo tienen el problema de que uno tendría que conocer todas las direcciones que hay en Internet y meterlas allí, cosa que es imposible sobre todo porque cada día se crean páginas nuevas. Luego un sistema puro de bloqueo, de dar direcciones, no puede funcionar. ¿Qué se necesita? Se necesitan sistemas de filtrado, es decir, que reconozcan cierto tipo de palabras como problemáticas, pero hasta que no tengamos sistemas de inteligencia artificial que realmente entiendan lo que hay en la página, simplemente buscar ciertas palabras, como «pechos», conduce a resultados totalmente catastróficos, y les expondré un par de anécdotas que se comentan para que vean qué ocurre. Los programas de filtrado impiden el acceso a grupos de discusión de apoyo a mujeres que han tenido una operación de masectomía porque aparece la palabra pechos; evidentemente, se habla de cáncer de pecho y, por lo tanto, a esas páginas no se puede acceder, los sistemas las filtran e impiden el acceso porque es como si fuera pornografía. Otro problema: la mayoría de las páginas de astronomía aparecen vetadas en los programas de astronomía para aficionados, se impide el acceso. ¿Por qué? Porque aparece la expresión «ojo desnudo»; el buscador encuentra la palabra desnudo, la asocia a pornográfica y no se tiene acceso a la página. Resultado: nuestros hijos no pueden saber nada de astronomía porque es pornografía. Y podría estar horas dándoles ejemplos porque no son anécdotas, es algo sistemático, hay listas de cientos y cientos de páginas «web» vetadas, y todo esto aparece en la documentación que les he traído --de la que estoy haciendo un resumen ahora-- para que vean lo problemático de los sistemas de filtrado. Ya les digo que esto no se soluciona fácilmente porque la cantidad de reglas que deben reunir es enorme --por ejemplo, habría que decirle al sistema que «ojo desnudo» tiene una significación en astronomía--, con lo que hablamos de programas que deberían ser como seres humanos, capaces de entender el contenido, y estamos muy lejos de eso y tardaremos mucho en llegar, aparte de que hay más problemas.
Un problema obvio es que estos sistemas funcionan mal en otro sentido:
por ejemplo, a una página de pornografía en indonesio tendría acceso perfectamente porque no hay ninguna palabra detectora y las fotos no se pueden reconocer todavía; de manera que no entrarían a las páginas de pornografía en inglés o en español, pero a las de cualquier otra lengua que no esté metida allí tendrían acceso fácilmente.
Otro de los dos problemas claves es que estos sistemas son cerrados, es decir, el usuario, el padre, no sabe qué está controlado y qué no está controlado, qué está censurado y qué no está censurado. Es una coartación muy importante a la decisión de los padres sobre qué pueden ver sus hijos y qué no, porque no saben qué páginas hay allí que no se pueden ver. Para que estos sistemas sean interesantes --y ésa es una de nuestras reivindicaciones básicas-- tienen que ser abiertos, de forma que un padre pueda ver qué cosas están prohibidas y pueda decir: a mí me parece muy bien que mi hijo vea esto, no tengo ningún problema; en cambio, a esto otro no quiero que acceda. ¿Por qué se hace esto, por qué estas páginas son cerradas? Por criterios económicos. Las empresas consideran que esa información es comercialmente útil, si la competencia la tuviera podrían copiarle su programa y, por lo tanto, son cerradas, están cifradas, no se tiene acceso. Es comprensible el problema de la empresas, pero la cuestión es que si queremos que sean realmente los padres los responsables, esos programas tienen que ser abiertos, y ésta es una petición básica; si vamos a implantar esos sistemas tienen que ser abiertos.
Finalmente, el otro aspecto problemático es que estos sistemas facilitan enormemente la creación de censura, no hay más que un paso: cojo uno de estos programas y lo pongo en la máquina «Proxi», que permite todas la conexiones en un país --esto es lo que ha sucedido en China, lo que sucedió en Singapur, lo que sucedió en los países árabes--, se pone «software» de filtrado a la entrada de las máquinas y el resultado es que toda la población no puede acceder a determinadas páginas que el gobernante de turno considera que no son buenas para ellos. Eso, desde luego, es una acción paternalista por parte de los gobiernos que no se puede aceptar. Y con esto cerramos el campo de lo nocivo.
Otro aspecto importante dentro de las libertades básicas es que es fundamental que cuando se elabore una ley no sea autorrefutadora, que no se contradiga a sí misma, y eso es lo que sucede con los sistemas que quieren controlar la criptografía. Piensen ustedes que la criptografía no tiene como función principal camuflar los delitos, sino que la criptografía es el equivalente informático del sobre. ¿Qué me garantiza a mí la criptografía? La inviolabilidad de la correspondencia. Un e-mail normal, sin cifrar, puede ser interceptado por cualquier persona por los métodos más pedestres; utilizando el símil postal, es como escribir una postal, que puede ser leída por todo el mundo que tenga en sus manos esa postal; en cambio un sobre me asegura que sólo yo voy a leer esa correspondencia. La criptografía es lo mismo, luego es vital que la criptografía me garantice la
inviolabilidad de la correspondencia. Si cuando yo legislo la criptografía la ley me obliga a que haya puertas traseras, a que haya bases de claves privadas, etcétera, lo que estoy haciendo es torpedear mi propia ley porque lo que conseguimos con ello es que la criptografía deje de ser un sistema que me garantice la inviolabilidad de la correspondencia y se convierte en un sistema al que todo el mundo puede acceder en un momento dado. Porque piensen en el peligro grande que representa lo que en inglés sería un «mandatary key recovery sistem», es decir, un sistema de almacenamiento de claves donde estén todas las claves privadas de todos los ciudadanos españoles, por ejemplo. El peligro es que esas máquinas están centralizadas y cualquier «hacker» mínimamente habilidoso --ya hemos visto ejemplos de que pueden entrar en cualquier sitio-- puede apoderarse de esas claves, con lo cual pueden acceder tranquilamente a toda nuestra correspondencia. Eso supone un peligro para nuestra privacidad porque implica que información que debería ser sólo para la gente que escribimos se hace pública, pero incluso es peor, porque lo que hace es socabar el comercio electrónico.
Todo el comercio electrónico parte de la idea de que mi número de VISA, por ejemplo, lo tengo yo y la persona que me ofrece un determinado recurso y nadie más; pero si la criptografía puede reventarse, si hay posibilidades de acceder a esa información, el comercio electrónico se hunde porque los números de VISA empiezan a circular y de repente me puedo encontrar con que me han cargado un Mercedes de ocho millones en mi cuenta y estoy arruinado, aunque VISA me tendrá que devolver el dinero finalmente. ¿Pero qué se obtiene al cabo de unos meses? Que nadie quiera hacer comercio electrónico puesto que es totalmente inseguro. Es decir, legislar sobre la criptografía, hacer que ésta no sea realmente segura, implica básicamente matar el comercio electrónico. De hecho sus señorías podrán comprobar que la mayoría de medidas que se han tomado por diversos países --Inglaterra, Canadá, Estados Unidos-- para legislar la criptografía están paradas porque hay una oposición unánime de todas las empresas de comercio electrónico, que están convencidas de que esos sistemas son radicalmente inseguros, y el comercio electrónico no puede funcionar sin seguridad. Lo cual me lleva a la recientemente aprobada Ley de telecomunicaciones en este país, en cuyo artículo 52, segundo anexo, se abre una posibilidad para este tipo de problemas. Se ha comentado que está todavía en discusión crear una ley de la criptografía y yo desde aquí les pediría, dentro de su capacidad de influencia, que si existe la idea de hacer un sistema de depósito de claves, que éste no sea obligatorio, es decir, que los ciudadanos puedan escoger mantener sus claves privadas para ellos mismos y no tengan obligación de ponerlas en manos de un organismo público, básicamente por la razón que les comento:
porque automáticamente la criptografía se hace insegura y deja de tener sentido; la criptografía insegura ya no es criptografía, para eso podemos seguir utilizando los «mails» de toda la vida.
Cerramos este primer bloque, ya no les doy más la lata con libertades básicas, y entramos en lo que habíamos llamado el azar social y el azar natural. Vayamos primero al azar social, es decir, tenemos que garantizar que el acceso a Internet, la posibilidad de obtener información, no dependa de nuestra situación económica, geográfica, etcétera, y eso implica muchas cosas, pero básicamente dos aspectos que creo que son claves. En primer lugar, ello implica un aspecto económico: conseguir que el acceso a Internet resulte lo más barato posible. Por tanto, un primer paso sería intentar independizar la cuestión de las llamadas locales del acceso a Internet.
Las llamadas locales tienen un sistema de funcionamiento por el que las subidas de los precios de Telefónica resultan razonables. Por ejemplo, una llamada local de más de 20 minutos indica que se está entrando ya en temas que no son necesarios, que en realidad se está de cháchara, con lo cual, tiene sentido que esa llamada tenga más recargo. Pero la cuestión está en que un acceso a Internet puede durar dos, tres o cinco horas, y lo cierto es que es importante que se pueda estar un cierto tiempo conectado a Internet. Es decir, que en estos casos no se debe aplicar el mismo criterio que para una llamada local puesto que no se trata de llamadas locales para comentarle a una vecina el último episodio de una serie televisiva.
Debemos, por tanto, desligar estos dos aspectos aunque no sé muy bien cómo podría conseguirse --es posible que ustedes lo sepan--, para que el acceso a Internet no resulte demasiado caro, ya que no puede ser gratuito, puesto que se trata de algo básico y que va a cambiar todo nuestro sistema de funcionamiento. Internet es, por ejemplo, la biblioteca más inmensa que haya podido existir nunca y, además, va aumentando a cada momento. Es decir, que cerrarle a la gente el acceso a toda esa información en función de criterios económicos, resulta muy peligroso. Por otra parte, existe también una necesidad de que Internet esté en todas las escuelas y en los institutos de tal manera que los jóvenes tengan lo antes posible acceso a estas máquinas para que puedan moverse dentro de ellas con libertad.
Pero este aspecto tiene que relacionarse con otro, con la educación ciudadana parala utilización de Internet. Si creamos una excelente red de acceso con precios populares de modo que todos los ciudadanos puedan llegar a conectarse a Internet, pero no les explicamos todo lo que pueden obtener de la red, habrá sido lo mismo que tirar el dinero. Es necesaria una campaña educativa para que los ciudadanos sepan que Internet no es solamente una herramienta para efectuar compras sino que también puede servirles para realizar su propio trabajo, para educación y para otros aspectos sociales que tienen que ver con la democratización.
Por eso, como he dicho al principio, me parece excelente esa iniciativa de crear una página «web» del Senado que, espero, se vaya extendiendo. De ese modo, los ciudadanos pueden ver poco a poco en Internet un sistema para aumentar su propia participación. Deben crearse foros en los que se discutan todo tipo de problemas --no sólo los relacionados con Internet--, todo tipo de cuestiones, por ejemplo, las relacionadas con problemas legales o con el nacionalismo, etcétera. Así los ciudadanos irán viendo la política como algo propio y no solamente
como ese ejercicio por el que tienen que votar cada cuatro años. Deben implicarse realmente en la política. A ese respecto, Internet es un sistema estupendo. Pero, como digo, para ello es necesaria una previa educación. Tenemos que explicarles a los ciudadanos que aparte de que puedan ver en Internet páginas curiosas, también pueden emitir sus propias opiniones sobre determinados temas. Eso es muy importante.
Y entro ya en lo que podríamos denominar el azar natural, en el problema de las discapacidades. En lo que a Internet se refiere, el elemento clave es, sin duda, la ceguera. Está clarísimo que para un invidente Internet no tiene utilidad alguna, pero en realidad hay sistemas muy sencillos para conseguir que los ciegos puedan tener acceso a esta red. Uno de ellos es la creación de páginas que sólo contengan texto escrito. Se eliminan las fotografías que pueda haber y se cuadran las páginas solamente con texto; existe un «software» reconocido que tienen ya muchas personas y que convierte el texto escrito en voz. Son los programas llamados «conversor de texto-habla», que le permiten a un ciego escuchar una página «web». El tono de voz no es perfecto puesto que es un poco metálico y robótico, pero siempre es una alternativa al no poder acceder ellos a la red.
Por eso, yo les pediría que sus señorías siguieran las directivas que tiene la ONCE en Internet para conseguir que la futura página del Senado fuera también accesible para los ciegos. Lo ideal sería que todos los ciudadanos españoles nos fuéramos concienciando puesto que ello no implica ningún esfuerzo extra. Además, para conseguirlo no se requiere un gran desembolso de dinero. Sería muy bonito que el Senado, el Congreso y el Gobierno en general dieran ejemplo, y que todas las páginas oficiales de Internet fueran accesibles para los invidentes.
Esto es lo que en síntesis quería explicarles, pero todo ello está contenido en los informes que les podemos hacer llegar.
En conclusión quiero decirles simplemente que si queremos que Internet llegue a ser un espacio social de discusión, es necesario que se preserven las libertades básicas. Es decir, que si legislamos sobre esta materia debemos hacerlo con mucho cuidado y pensando que siempre es mejor legislar a la baja que no a la alta. Por otra parte, debemos pensar que la peligrosidad en Internet no es demasiado fuerte puesto que la mayoría de las acciones criminales se pueden solventar haciendo abstracción de la propia red. Es decir, si hay traficantes de armas éstos utilizarán la red, el teléfono, el correo y lo que haga falta. Lo que hay que hacer es capturarles en el mundo real, sin empeñarse en pillarles desde Internet.
En este sentido esta red es un simple medio de transmisión.
Y también como aspecto positivo hemos de intentar que la mayoría de los ciudadanos, en función de su economía, de sus habilidades sensoriales, de su renta, posición geográfica, etcétera, puedan acceder a Internet, pero no sólo como el gran mercado que en realidad es, sino como sistema de discusión y de participación política.
Muchas gracias de nuevo por su invitación. Estaré encantado de contestarles a cualquier observación que quieran hacerme.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Profesor Casacuberta.
A continuación abrimos un turno de portavoces. Por el Grupo Parlamentario Socialista tiene la palabra su portavoz el Senador Mòdol.
El señor MODOL PIFARRE: Muchas gracias, señor Casacuberta.
Quisiera decirle que me manifiesto casi totalmente de acuerdo con lo que nos ha explicado.
Pero empezando por el final de su intervención, debo decir que tengo la seguridad de que el resto de los grupos parlamentarios tomarán su sugerencia con el mismo entusiasmo con que yo lo hago. Debo reconocer que no habíamos caído en esa cuestión. Por tanto, agradecemos doblemente que usted lo haya expuesto. Creo que desde hoy mismo debemos ponernos manos a la obra para conseguir que la página «web» del Senado sea también útil y de participación para los invidentes españoles, que son ciudadanos exactamente con los mismos derechos que los demás. Por tanto, le agradezco esta iniciativa como me imagino que se la agradecerán con el mismo entusiasmo los demás grupos parlamentarios.
Quisiera hacer dos o tres reflexiones generales y quizá también alguna pregunta en relación con su intervención. En primer lugar, respecto a la participación ciudadana --que ya se ha comentado en otras comparecencias--, es cierto que Internet es un instrumento que posibilita una mayor democratización aunque también puede causarse el efecto contrario. Ponía yo ayer como ejemplo aquello de la pantalla única que hace ya más de 20 años François Truffaut nos trasladaba con su película «Fahrenheit 451», en el sentido de que, efectivamente, los mensajes de ida y vuelta pueden ser también controlados por los que tienen el poder, y usted mismo me ponía un ejemplo lamentable sobre el filtraje directo que a este respecto se hace en determinados países. Pero, efectivamente, como usted dice, ésa es una posibilidad abierta, si no a una mayor democratización, sí al menos a una mayor participación con toda seguridad.
Pero yo veo en esto un problema que quiero plantearle a usted y sobre el que, como Profesor de Filosofía, seguramente habrá meditado. Lo que genéricamente entendíamos hasta ahora como opinión pública no era en realidad la suma de las opiniones privadas sino otra cosa distinta. En el esquema ya clásico de Oncken se decía que existe un problema, un problema que tiene unos «input» sobre la mayoría de la gente. Es decir, se produce una discusión, existe un clima de opinión, y de ese clima salen unos «output» con un consenso y con una resolución del problema en un sentido determinado, y así sucesivamente. Se plantea otro problema, y la opinión pública finalmente dice si está o no de acuerdo.
Pondré un ejemplo para hacerme entender. El decir que la opinión pública española está a favor del divorcio significa una opinión pública clara, pero esa opinión pública no expresa el matiz de cada ciudadano respecto al divorcio ni tampoco expresa un porcentaje sustancial de aquellos ciudadanos que están también en contra aunque en distinta medida.
¿Qué ocurría hasta ahora en los procesos de formación de opinión pública? Pues que los suministradores de opinión eran muy pocos y que, por tanto, el proceso de opinión pública se producía de una forma más o menos uniforme. Es decir, había tres o cuatro periódicos que creaban opinión política, dos o tres cadenas de televisión que también la creaban, y todos teníamos más o menos la misma información para llegar a ese consenso y a esa resolución del problema. ¿Qué sucede en el momento en que los emisores de opinión son tantos como los receptores de opinión? Lo que ocurre es que se multiplican esos procesos de opinión pública y que, por tanto, el criterio clásico de Oncken al que hacía referencia, varía; ¿en qué dirección?, es decir, ¿cómo vamos a tener idea de lo que se plantea la opinión pública? El peligro que esto produce es, por ejemplo, que los gobernantes o las Administraciones en general hagan un excesivo caso a la inmediatez de determinadas proposiciones. Surgían ejemplos claros: después de un asesinato brutal en un determinado lugar, seguro que si hacemos una encuesta rápida a través de Internet, al día siguiente, la consecuencia puede ser que hay que reintroducir la pena de muerte, cosa que si ese proceso clásico de creación de opinión pública se hubiera producido al cabo de una semana no existiría.
Por tanto, desde mi punto de vista habría que reflexionar mucho sobre cómo se va a producir ese cambio en estos procesos. La posibilidad de acudir directamente a la Administración plantea, efectivamente, otro problema. Tiene la ventaja de que el ciudadano se puede sentir más cerca, pero tiene el peligro de que los políticos se dediquen a hacer políticas a la carta, para cada ciudadano, y esto puede ser un generador de injusticias también evidente. Yo recuerdo que hace muchos años un alcalde
--no voy a decir cuál ni de qué ciudad-- introdujo un elemento tremendo en el pueblo del que sigue siendo alcalde. Desde hace muchos años manda cartas personalizadas a cada uno de los ciudadanos, pero no a todos, y no solamente personalizadas --como hacen los comerciales-- sino que a cada uno le mandaba un programa electoral distinto y, además, a un grupo de ciudadanos no les escribía porque como no le iban a votar era mejor no excitarles y que no se enterasen. Ganó todas las elecciones y sigue siendo alcalde. Es decir, el método puede ser muy bueno, pero puede tener ese peligro de la pérdida de identidad colectiva en aquello que tiene sentido que sea colectivo como es, sobre todo, la política y la manera de relacionarnos.
Estoy absolutamente de acuerdo con usted, el anarquismo de derechas me parece peligrosísimo y la eficacia económica nos lleva a absurdos brutales. Quienes a las puertas del siglo XXI siguen manteniendo que la eficacia económica ha ordenado el mundo es que o no saben mirar el mundo o no entienden nada. Jamás había habido tantos pobres en el mundo ni las desigualdades habían sido tan evidentes; por tanto, la eficacia económica per se no funciona. Con esto no quiero demonizar el mercado porque pienso que tiene grandísimas virtudes pero, en cualquier caso, estoy también de acuerdo con usted en que hay que ir con cuidado.
Le he agradecido muchísimo también el ejemplo que nos ha puesto del libelo porque la verdad es que es realmente la vuelta de la tortilla y habrá que reflexionar sobre cómo se defiende el pequeño frente al grande.
También estoy de acuerdo con usted en el escepticismo que me produce el filtrado, incluso en los hogares. Poníamos el ejemplo de que todos hemos sido adolescentes y hemos registrado hasta el último rincón de nuestra casa en busca de aquel objeto o de aquella revista prohibida que nuestros padres guardaban celosamente y que finalmente era descubierta por nosotros sin ningún problema. Veo que algunas de sus señorías asienten, por tanto, todos hemos vivido de alguna forma este momento.
Por tanto, lo importante es que los padres tengan la educación suficiente
--y ése es el problema-- para saber educar a sus hijos. Aquí nos encontramos con un grave problema que aparecía ya en la anterior comparecencia: nosotros estamos educados para enseñar a leer a nuestros hijos, pero ¿estamos educados para enseñar a mirar Internet o televisión a nuestros hijos? Este problema es por el que tendríamos que preocuparnos. De todos modos, creo que el propio medio, Internet, va a ser capaz de buscar mecanismos suficientes como para hacer de educador.
Alguien decía antes, con toda la razón, que quizá los canales clásicos de educación también se van a romper y va a haber otros nuevos interedades, interculturales, etcétera.
Finalmente, quiero decirle que uno de los temas de preocupación de nuestro grupo --y estoy convencido que también de los demás-- es lo carísimo que resulta en este momento Internet, sobre todo comparativamente con otros países. La señora Laura Sherman nos hablaba de tarifas planas en Estados Unidos de 30 dólares al año y no es posible la igualdad sin ese abaratamiento absoluto, incluso en la dirección de la gratuidad --aunque sea simbólica-- porque la gratuidad absoluta provoca desprecio. Todo tiene que tener un coste, pero estoy de acuerdo con usted en que debería ser el mínimo. Aquí veo un peligro y por ello le quiero preguntar si cree usted que en el futuro se va a producir un proceso de monopolio como el que se puede vivir en este momento en la discusión norteamericana, y fruto de ese proceso vamos a acabar teniendo informaciones caras e informaciones baratas en la red; ¿vamos a asistir otra vez a la dualidad entre países bien conectados y mal conectados? Y, ¿entre ciudadanos de un mismo país con y sin dinero para acceder al servicio? Esta sería la principal pregunta que yo le quiero plantear.
Me ha venido a la memoria un ejemplo cuando usted hablaba de los niños «hackers». Estoy absolutamente de acuerdo con lo que ha manifestado y, si me permiten poner un ejemplo para convencer a las señorías que no lo estén, les preguntaría que quién de nosotros, de niño, no ha entrado a robar un melón o a coger manzanas. Entonces lo hacíamos físicamente, pero ahora los niños entran no sé dónde. Por tanto, no todos los que cogimos ilegalmente un melón o unas manzanas hemos acabado siendo delincuentes peligrosos sino que la mayoría somos ciudadanos normales.
Sólo me resta agradecerle nuevamente su clara y magnífica comparecencia.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Mòdol.
Tiene la palabra el señor Casacuberta.
El señor PRESIDENTE DE LA ONG «FRONTERAS ELECTRONICAS ESPAÑA» (Casacuberta Sevilla): Voy a contestar brevemente a las preguntas porque estamos de acuerdo.
Sobre la cuestión de la opinión pública uniforme he de decirle que el problema es que la opinión no es precisamente uniforme y, si me permiten filosofar un poco les diré que yo soy seguidor de lo que es la teoría de la justicia, y de la idea de que es necesario que las minorías puedan expresar su opinión política y un caso muy claro es, por ejemplo, el tema de la ceguera. Los políticos y la opinión uniforme son videntes; la opinión pública está formada básicamente por la gente que ve y, por tanto, los políticos no conocen los problemas de los ciegos. Por una serie de cuestiones personales y vivencias --como mi prestación social con disminuidos-- soy sensible a estos temas y he sacado esta idea que, sin esa experiencia, no habría tenido y, por ello, que es muy importante que las minorías lleguen a expresar su opinión para que el político no sólo reciba el canal de la opinión uniforme ya que la opinión uniforme es la media y eso es problemático.
También estoy de acuerdo en que es necesario llevar estas cosas con calma. Hay que fijarse hasta qué punto las opiniones concretas son significativas y es un tema en el que ustedes tienen mucha más experiencia que nosotros y decidirán hasta qué punto hay que hacer caso de estos foros. Lo que sí es importante es que estos foros son una posibilidad muy interesante y es un tema abierto el decidir cuál ha de ser su valor a la hora de hacer política. Creo que es positivo sobre todo por eso, porque permiten a ciertas minorías expresar su opinión, que es una opinión que no pueden expresar votando porque no hay un partido de los disminuidos físicos ni hay un partido de inmigrantes y para este tipo de minorías estos foros son muy útiles.
Sobre el tema de educar a los padres le diría que creo que realmente la gracia de Internet es que es mucho más fácil de utilizar que otras cosas de ordenadores, y que cada vez va a ser más fácil en el sentido de que no es tan problemático. Si los padres se animan y tienen preocupación se van a poder reciclar; es un campo bastante sencillo y, en el fondo, no se necesitan títulos extraños porque, como digo, no existen los delitos informáticos y los padres pueden guiarse por las intuiciones morales de toda la vida. Si ellos creen que su hijo no puede ver cosas violentas en la tele, considerarán que tampoco las ha de ver en Internet y el criterio es el mismo. (El señor Vicepresidente, Ruiz-Ayúcar Alonso, ocupa la Presidencia.) Finalmente, me referiré al tema más preocupante, a cómo puede monopolizarse Internet y convertirse en un modelo dividido entre los que tienen recursos económicos y los que no. Creo que es un tema muy preocupante, porque llegaríamos a esto si siguiéramos el anarquismo de «laisse faire» del mercado.
Fíjense en el hecho de que la información aumenta de forma exponencial en Internet, de modo que cada vez es más importante disponer de sistemas que nos permitan decidir qué buscamos. Si ustedes han trabajado con un buscador, habrán comprobado que en cualquier búsqueda que realicen aparecen cerca de 1.200 páginas. Por eso se necesitan sistemas capaces de indexar la información, de manera que esté mucho más detallado el contenido, pero eso implicará, tarde o temprano, recurrir a servicios de terceros que nos cobrarán por gestionar la información. Eso está claro, y su utilización será mayor a medida que vaya aumentando. Aparecerán empresas que ofrecerán información muy detallada a cambio del pago de cierta cantidad, y, por ejemplo, nos permitirán el acceso a bases de datos y demás.
Ese peligro existe, pero lo importante es que el Estado tenga en cuenta la futura situación, intente hacer programas de ayuda para que su uso les resulte a los usuarios lo menos gravoso posible y trate de minimizar esas desigualdades que generarían una pura combinación mercantilista.
Creo que con lo dicho he contestado.
El señor VICEPRESIDENTE (Ruiz-Ayúcar Alonso): Muchas gracias, señor Casacuberta.
A continuación, le corresponde intervenir al portavoz del Grupo Parlamentario Popular, señor Calvo Poch.
El señor CALVO POCH: Antes de nada quisiera agradecer al profesor Casacuberta su exposición y su presencia en esta Comisión.
Mi primera pregunta, quizá por ignorancia, va dirigida a su ONG, a «Fronteras Electrónicas España», porque me gustaría conocer más datos sobre ella: su número de socios, de abonados, o como ustedes les califiquen; la implantación territorial que tiene en España o fuera; las relaciones, asociaciones o plataformas en las que participa dentro de Europa, Hispanoamérica o en el conjunto del mundo. Es decir, pretendo conocer un poco más la asociación que usted preside.
Entraré en lo que ha sido el objeto de su comparecencia, sin valorar terminologías porque la expresión que ha utilizado de «anarquismo de derechas» me produce simpatía, ya que yo siempre he dicho que en ciertos temas los anarquistas están más cerca de los liberales que de las izquierdas. En lo que sí estoy de acuerdo es en que el mercado no debe ser el único patrón que regule ni nuestra convivencia ni aquello de lo que estamos hablando en estos momentos, el uso de las nuevas tecnologías.
Quisiera abordar algunos aspectos que me gustaría tocar con cierta prudencia, y digo cierta prudencia porque reconozco que todavía no tengo una opinión definitiva sobre alguna de las cuestiones que se han suscitado en su comparecencia; a lo mejor no la llego a tener nunca, no tengo por qué llegar a tenerla. Por ejemplo, yo reconozco, sin tener una opinión predeterminada y definitiva, que me preocupa que pueda extenderse esa visión romántica sobre los «hackers». Si bien es cierto que buena parte de la actividad que realizan se desarrolla desde una intencionalidad no peligrosa, existe la posibilidad contraria, y en la capacidad de distinguir ambas no se utiliza la tecnología. La tecnología no puede intervenir a la hora de diferenciar
quién es verdaderamente peligroso y quién pretende pasar un rato haciendo algo que no es aplaudible, pero que tampoco debe ser excesivamente condenable. Me preocupa que pueda extenderse una visión romántica sobre algo que, en definitiva, es un comportamiento ilícito, y en ese sentido estoy de acuerdo con la legislación que tenemos. De la misma manera que también me preocupan comportamientos sociales de ciertos grupos radicales que proclaman la defensa de no sé qué derecho a la propiedad y a los que, desde los medios de comunicación, se les da una visión romántica, algo que no comparto. No quiero compararlos, tan sólo quiero trasladarle mi preocupación por el hecho de que se pueda extender una visión romántica de determinados tipos de comportamientos.
Es evidente que Internet facilita, por ejemplo, el anonimato en mayor medida que otro tipo de comportamientos. Puedo contar una anécdota al respecto. Cuando se creó la Comisión yo no sabía mucho --no es que ahora sea un experto, pero todavía era más inexperto por aquel entonces-- sobre el uso y la navegación por Internet. Un día recibí un e-mail que supuestamente había sido enviado por la traductora que nos acompañó al viaje que realizamos cuatro compañeros que fuimos invitados por la Embajada de Estados Unidos, pero al final me enteré de que quien remitía esos e-mail con un dominio estadounidense era uno de los que había ido conmigo al viaje. Es decir, suplantar a otro es facilísimo, ya que, por el momento, los servidores no tienen la obligación --y a lo mejor habría que regular esto-- de indentificar a la persona a la que le da un servicio, ya sea jurídica o física. Esa es una obligación que en estos momentos no existe y que, por ejemplo, a través de los múltiples servidores que ofrecen correo electrónico gratis, cualquiera puede suplantar la personalidad de otra persona. Es cierto que quizás no pretenda hacer nada, pero el simple hecho de suplantarla puede constituir una ofensa a la intimidad de otra persona; no sólo porque utilice su identidad, sino porque se haga pasar por otra persona que a lo mejor ni existe y con ello confunda a su receptor.
Sobre el asunto de la criptografía tampoco me he creado una opinión definitiva y es un tema que me produce muchas dudas. En lo que sí estaremos de acuerdo es que la criptografía en la red complica la persecución de determinados delitos, y eso es algo evidente. ¿Por qué? Porque en estos momentos hasta nuestra Constitución garantiza que las comunicaciones puedan ser intervenidas si existe una decisión judicial que lo posibilite. No digo que esté de acuerdo con esta situación, lo que manifiesto es que, evidentemente, se complica la persecución de determinados delitos; por ejemplo, si hasta ahora se podían intervenir determinadas comunicaciones que no están encriptadas, es evidente que se pueden utilizar otras que al estar encriptadas resultarán más difíciles de perseguir. Aunque, como contraposición, igual que dificulta la posibilidad de reconocer a un determinado individuo o persona jurídica, una vez reconocidos les garantiza una comunicación mucho mejor que los sistemas convencionales.
Saliéndome ya del asunto de la criptografía, sobre la que creo que podríamos hablar durante mucho tiempo, me gustaría acabar con una reflexión sobre el acceso gratuito a la red. Es posible que ése sea el futuro; es decir, que el acceso a los ciudadanos vaya en la línea de seguir una vía más cercana a la gratuidad que la que en estos momentos tenemos, pero sinceramente creo que eso tan sólo le proporciona al ciudadano una vía de comunicación, que no es poco. Yo sostengo la idea de que cuando el acceso a la red sea gratuito o esté garantizado para todos los ciudadanos la mayoría de los contenidos, salvo los vertidos por instituciones públicas, costará dinero. Por lo tanto, la dualidad en la red será igual que en la sociedad: uno tendrá acceso a la información de servicios en la medida en que tenga capacidad adquisitiva. Es cierto que para enmendar esto las instituciones tienen que hacer --como usted ha señalado-- un esfuerzo de inversión en infraestructuras, para que a la hora de utilizar este instrumento no se produzca esa dualidad por cuestiones geográficas o formativas, relativas a la educación de las personas.
Para finalizar le diré que estoy absolutamente de acuerdo con usted con la necesidad de evitar esas barreras que existen en el caso de Internet para las personas con discapacidades. Se trata de un asunto que ya ha sido tratado en la última reunión de la Mesa y portavoces de esta Comisión, en la que solicitamos la comparecencia de una de las asociaciones españolas, denominada ISDAC y que está integrada por un grupo de discapacitados españoles, que en el año 1997 recibió un premio de la Comisión Europea por llevar a cabo la iniciativa más vanguardista en cuanto a teletrabajo; asimismo, se trató la posibilidad de transmitirles a los responsables de informática de esta Casa que tomen las medidas oportunas.
Muchas gracias.
El señor VICEPRESIDENTE (Ruiz-Ayúcar Alonso): Muchas gracias, señor Calvo.
Tiene la palabra el señor Casacuberta.
El señor PRESIDENTE DE LA ONG «FRONTERAS ELECTRONICAS ESPAÑA» (Casacuberta Sevilla): En primer lugar, y para que conozcan lo que hace mi organización, les daré la dirección «web» para qué accedan a toda la información respecto a quiénes somos, qué intentamos, con qué otros grupos estamos relacionados. La dirección es la siguiente:
www.arnal.es/free. Allí encontrará nuestra página y toda la información, por lo que se ahorrarán una serie de detalles un poco sosos.
En cuanto a lo de anarquismo de derechas, estoy de acuerdo, «mea culpa», es un término un poco problemático y hay términos mejores, pero no quería ser demasiado académico ni indicar ningún tipo de conexión directa. Es lo que clásicamente defiende el autor de: Anarquismo, Estado y Utopía, que lo clásico es llamarlo anarquismo de derechas. Es verdad que es problemático y lo acepto.
En relación a la visión romántica de los «hackers» estoy de acuerdo con usted. Los «hackers» están relacionados con el gamberrismo, no es algo maravilloso de lo que se pueda decir que nos salvarán del Estado malvado y ese tipo de cosas que a veces se oye. Tampoco soy de esa opinión.
Ahora bien, hay que reflexionar, pues podemos tener el problema contrario, y es que castiguemos por igual al chaval gamberrillo que entra en una máquina para demostrar que es muy listo, que a la persona que entra en una máquina con intenciones claramente ilícitas. En esto no estoy de acuerdo con usted, porque a nivel tecnológico se puede averiguar qué han hecho, lo único que hay que mirar son los «lots» de sistemas, ver qué han estado haciendo, dónde han entrado, si por ejemplo han copiado documentos, si se han limitado a mirar, si han borrado documentos, si han intentado sabotear el sistema a propósito, etcétera. Todas esas cosas quedan en los «lots» y yo pediría que en la práctica de los jueces o en la legislación se tuviera en cuenta la intencionalidad. Lo que no podemos hacer es penalizar algo como castigo ejemplar. Los castigos tienen que ir en función del daño que se produce y la intencionalidad de la persona. No es lo mismo la actuación de un chavalín que está haciendo el tonto, se despista y hace algo, que alguien que tiene una intención clara de, por ejemplo, dañar una máquina. Ahora bien, en ningún momento quiero hacer el gran panegírico de los «hackers».
En cuanto a la cuestión relacionada con el anonimato y la criptografía, la gran esperanza que tenemos de identificación fiable es precisamente la criptografía; es decir, las firmas digitales representa la única garantía que yo tengo de que ha sido usted el que me ha enviado un «mail». Si deseo que los «mails» se puedan identificar, tengo que tener una criptografía segura, porque si es insegura alguien puede hacerse pasar por usted, por ejemplo porque ha conseguido su clave privada.
Por lo tanto, el punto clave es la criptografía; cualquier otra garantía es débil. Por ejemplo, un método de confirmación del sistema no sirve porque puedo entrar como «hacker» en el sistema y enviar «mails». Los programas de «send mails» tienen muchos agujeros y es muy fácil fingir que uno es quien no lo es. Todos los expertos coinciden en que la única forma de garantizar la identidad, una vez que sé que el «mail» me viene de una persona y sólo ésa, es la criptografía, pero la criptografía segura. (El señor Presidente ocupa la Presidencia.) Por lo que respecta a la relación criptografía y crimen, estoy de acuerdo con usted en una cosa y en otra no. Estoy de acuerdo en que, desgraciadamente, la criptografía facilita el trabajo de los delincuentes, pero no estoy de acuerdo en que la legislación no solucione ese problema. Si lo que hacemos es que, por ejemplo, todos los ciudadanos españoles ofrezcan su clave privada a un sistema público o privado que lo mantenga, su privacidad o posibilidades de moverse en el comercio electrónico estarán restringidas, pero los criminales no se enterarán porque no registran sus claves privadas, conseguirán programas de PGP de forma ilegal, lo seguirán utilizando y nunca se resgistrarán. De hecho, ésta es la opinión de los expertos de la Unión Europea, quienes hicieron un análisis sobre la criminalidad y criptografía llegando a la conclusión de que este tipo de sistemas no permite la reducción de la criminalidad; éstos seguirán trampeando y lo único que tendremos son problemas para los usuarios normales, pues del mismo modo en que los criminales no registran sus ametralladoras y las compran de manera ilegal, harían lo mismo con la criptografía.
Finalmente, en cuanto al acceso gratuito a la red, es casi inevitable la idea de que el acceso a los recursos dependerá en buena parte del poder económico. Piensen ustedes que es una cosa parecida al acceso a la educación superior. Las universidades son caras pero el Estado da becas, se intenta reducir los precios de las matrículas para que tenga acceso el mayor número posible de ciudadanos. Esto debería ser así y los recursos que son para culturizar, aprender, para desarrollar profesiones, etcétera, deberían estar de alguna forma protegidos por el Estado, a través de ayudas, becas de acceso, etcétera. No vamos a evitar esta dualidad, pero sería interesante intentar reducirla al mínimo posible.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, profesor Casacuberta.
Para un último turno de preguntas, tiene la palabra el Senador Lavilla.
El señor LAVILLA MARTINEZ: Muchas gracias, señor Presidente.
Señor Casacuberta, quiero felicitarle por la exposición clara que nos ha ofrecido, incluso yo diría pedagógica, que nos ha hecho entender sus puntos de vista, con los que coincidimos plenamente.
Al hilo de la exposición que ha realizado, me gustaría subrayar un elemento que considero clave a la hora de interpretar, por ejemplo, la maldad o la bondad de la red. Nos ha diferenciado claramente que Internet es simplemente un medio, y que ante hechos delictivos que se pueden transmitir a través de la red lo que hay que hacer es buscar y localizar el hecho delictivo en sí sin eliminar la pena que conlleve a nivel penal por el hecho de transmitir a través de la red ese hecho delictivo. Se ha referido concretamente a la pornografía infantil, por no demonizar precisamente en exceso un medio, sino buscar y localizar el hecho delictivo allí donde se comete.
Me ha parecido muy oportuna la diferenciación que ha realizado, por lo que más que una pregunta quería subrayar ese elemento.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, Senador Lavilla.
Tiene la palabra el profesor Casacuberta.
El señor PRESIDENTE DE LA ONG «FRONTERAS ELECTRONICAS ESPAÑA» (Casacuberta Sevilla): Me parece espléndido que usted esté de acuerdo.
Buena parte de este problema se generó por una campaña muy poco pensada por parte de los medios de comunicación, de la que en seguida intentaron extraer los aspectos más oscuros y terribles de la red y se hizo una mala prensa, muy agresiva, de tal forma que la gente acabó pensando que Internet era intrínsecamente algo malvado, cuando en realidad es simplemente un medio de transmisión. Insisto en que todo este tipo de actividades delictivas tienen una fuente en el mundo real, y es ahí donde es más fácil detenerlos y ya existen una serie de recursos.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Casacuberta, por su intervención. (El señor Mòdol Pifarré pide la palabra.) Tiene la palabra su señoría.
El señor MODOL PIFARRE: Muchas gracias, señor Presidente, por su amabilidad.
Me había dejado olvidada una pregunta, y al hilo de la intervención de mi compañero, el Senador Lavilla, me ha venido a la cabeza, que era la reticencia que por parte de algunos medios de comunicación --cuando digo medios no me refiero sólo a la prensa-- hay con respecto a las nuevas tecnologías.
La pregunta que deseo formular es muy concreta. ¿Usted cree, como profesor, que es simplemente el rechazo de principio que se produce en cualquier época de cambio tecnológico, desde las viejas a las nuevas tecnologías? ¿Ve en Internet a un competidor, aunque sea inconscientemente, o simplemente es una susceptibilidad pasajera?
El señor PRESIDENTE: Gracias, Senador Mòdol.
Tiene la palabra el profesor Casacuberta.
El señor PRESIDENTE DE LA ONG «FRONTERAS ELECTRONICAS ESPAÑA» (Casacuberta Sevilla): Básicamente hay un cúmulo de factores. Existe la idea de competencia en el sentido de pensar que ahora se pierde el monopolio de la información, que deja de estar en manos de grandes corporaciones de «mass-media» y hasta cierto punto puede estar al alcance de los ciudadanos. Esto, como todo, es utópico, porque el poder que tiene un ciudadano de recoger información y poner una página «web» no es nada comparado a la de una gran estructura. Supongo que, poco a poco, ese temor se ha ido perdiendo porque se ha visto que realmente no es tal y los grandes grupos de «mass-media» seguirán siendo lo que son, luego no es una amenaza real. Por otro lado, existe ese temor a todo lo que es nuevo. De la misma forma que los ciudadanos se manifestaban en contra de los automóviles o del ferrocarril, ahora hay miedo por Internet.
Finalmente, hay un uso y abuso de todo lo que son cosas morbosas; es decir, el campo siempre era una pornografía extraña, violencia, etcétera.
Es una cosa que llama la atención y que vende periódicos. Pero, afortunadamente, en los otros aspectos los grandes medios han visto que no hay peligro real y, por otro lado, estas cosas son pasajeras. El morbo se puede explotar un tiempo pero, al final, la gente se aburre de él, y por suerte, han permitido que ahora las informaciones que se ofrecen sobre la red sean mucho más veraces, más serias y mucho más matizadas.
Gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, profesor Casacuberta.
Quiero terminar diciendo que le estamos profundamente agradecidos por su presencia hoy aquí, por el esfuerzo que ha hecho y por la claridad de su exposición, que sin duda va a redundar en beneficio del trabajo que estamos llevando a cabo.
También deseo agradecerle, por lo que usted representa, su reconocimiento expreso del trabajo de esta Comisión y de la página «web» del Senado.
Estoy convencido, después de haber oído las distintas intervenciones, de que esta Comisión hará lo posible para que muchas de las propuestas que ha planteado sean realidades.
Se levanta la sesión.
Eran las trece horas y cuarenta y cinco minutos.