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20 OCTUBRE 2017

XII LEGISLATURA

El presidente del Senado inaugura la XV reunión interparlamentaria España-México

El presidente del Senado inaugura la XV reunión interparlamentaria España-México

10/07/2017

El presidente del Senado, Pío García-Escudero, ha inaugurado la XV reunión interparlamentaria España-México, que se celebra en Baiona (Pontevedra). En el acto de inauguración también han intervenido la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, el presidente del Senado de México, Pablo Escudero, y la presidenta de la Cámara de Diputados mexicana, María Guadalupe Murguía.
La reunión interparlamentaria se celebra del 9 al 11 de julio en Baiona, tiene el objetivo de mejorar la cooperación entre los dos países. Las distintas reuniones de trabajo abordarán la cooperación económica y comercial, educativa y cultural, y en seguridad y defensa.
 
Discurso del presidente del Senado.
 
Sres. Presidentes; diputados y senadores,
 
Permítanme que me sume a las palabras de la Presidenta del Congreso de los Diputados, Dª Ana Pastor, para expresar, en nombre del Senado de España, nuestra más cordial bienvenida a todos los parlamentarios y  al conjunto de las delegaciones de la Cámara de Diputados y del Senado de la República de México.
 
Como todos recordamos, fue hace casi tres años cuando tuvimos la anterior oportunidad de reunirnos en San Miguel de Allende, en un encuentro perfectamente organizado por nuestros anfitriones mexicanos, que nos permitió llevar a cabo un trabajo fructífero y del que yo, personalmente, guardo el mejor recuerdo.
 
Las recientes circunstancias políticas españolas, con dos elecciones generales en apenas seis meses, han motivado que este nuevo encuentro interparlamentario se haya retrasado más de lo deseable.
 
Pero, al cabo, volvemos a reunirnos aquí, en Bayona, a orillas de este Océano Atlántico que no separa, sino que une a nuestros dos países.
 
 
Y pienso que todos concurrimos con el ánimo de seguir trabajando en común, y de contribuir de ese modo a un estrechamiento aún mayor de las excelentes relaciones entre México y España: dos naciones indisolublemente vinculadas por nuestra historia, nuestra cultura y por el acervo de los valores democráticos que compartimos.
 
Las circunstancias, en efecto, han dado lugar a que esta decimoquinta edición de nuestra cita interparlamentaria tenga lugar en 2017, un año que, como todos sabemos, posee un gran valor simbólico para los españoles, por cumplirse ahora el cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas de nuestra historia reciente, el 15 de junio de 1977.
 
Aquel fue, sin duda, un año decisivo para la historia de España: el año en el que dimos pasos firmes para recuperación de la democracia, mediante un proceso pacífico y ordenado de transición política que culminaría, dieciocho meses después, con la aprobación de nuestra vigente Constitución.
 
Como no podía ser de otra forma, nuestra normalización política supuso también que España se abriera al exterior para situarse en el lugar que le correspondía entre las naciones democráticas de su entorno geográfico e histórico.
 
Por eso, fue también en 1977 cuando España ingresó como miembro de pleno derecho en el Consejo de Europa; o cuando dimos un fuerte impulso a las negociaciones que, en 1986, culminarían con nuestra incorporación a las Comunidades Europeas.
 
Y, por supuesto, fue también en ese intenso año 77 cuando España restableció sus relaciones diplomáticas con México, una efeméride que hoy, transcurridos cuarenta años, celebramos con enorme satisfacción y que esta tarde vamos, aquí, a conmemorar.
 
Para nosotros, los españoles, la Transición política a la democracia, sellada con el pacto constitucional de 1978, significó el cierre de la brecha histórica entre las llamadas “dos Españas”. Y supuso también un acto de reconciliación y de superación de los viejos fantasmas de nuestros errores pasados.
 
En realidad, esa voluntad de reconciliación fue determinante para que el proceso se llevara cabo con éxito, e hiciera de ese modo posible la convivencia en paz y libertad de la que hoy gozamos los españoles.
 
Y yo hoy quisiera, especialmente, recordar algo que tuvo un gran valor simbólico tanto para sellar esa reconciliación, como para legitimar el nuevo marco de convivencia democrática que deseábamos construir.
 
Me refiero, concretamente, al regreso de los españoles que tuvieron que exiliarse tras la Guerra Civil.
 
A este respecto, creo que nunca se ensalzará lo suficiente la admirable generosidad demostrada por México, por su pueblo y su gobierno, en la acogida de los cerca de 30.000 españoles que, entre los años 39 y 42, se estima que buscaron allí un refugio donde poder rehacer sus vidas en una atmósfera de libertad.
 
Y, ya que hoy estamos recordando efemérides, yo quisiera traer a colación otra que tuvo lugar hace, precisamente, ochenta años, y que fue la llegada a México, en junio de 1937, de un primer contingente de 442 niños y niñas españoles, de entre 4 y 15 años, acompañados de un grupo de docentes.
 
Son los conocidos como “niños españoles de Morelia”, pues fue allí donde se instalaron, en una escuela auspiciada por doña Amalia Solórzano, esposa del presidente Cárdenas.
 
Aquellos niños fueron los primeros de nuestros muchos compatriotas que, en México, encontraron el calor humano necesario para, al menos, mitigar la siempre amarga experiencia del exilio.
 
Y entre ellos, también, hubo una importante representación de intelectuales españoles, de nombres tan destacados como Luis Cernuda, Max Aub, León Felipe, María Zambrano o Luis Buñuel: todos encontraron en tierras mexicanas una hospitalidad a la que respondieron contribuyendo al esplendor del panorama cultural del país hermano en los años posteriores.
 
De ese modo, trascendiendo el doloroso trauma que lo motivó, el exilio español sirvió para entrelazar aún más la historia de España con la de México.
 
 
 
Por tanto, bien podemos decir que el homenaje debido a todos los hombres y mujeres del exilio español, se entrevera con el eterno agradecimiento que España siempre deberá a México por la generosidad que nos demostró en un trance tan difícil.
 
Señorías,
 
Cuatro décadas después de la normalización de nuestras relaciones diplomáticas, México y España tenemos sobrados motivos para congratularnos por el excelente nivel de las relaciones que ambos países, nuestras autoridades y  nuestras sociedades civiles, mantenemos en muy distintos ámbitos.
 
Contamos para ello con un marco de relación estratégica institucionalizado y actualizado, que, en los últimos años, nos han permitido avanzar en numerosos campos de cooperación.
 
Sobre esos diferentes espacios de cooperación vamos a trabajar, concretamente, durante estos días: sobre cómo profundizar y mejorar nuestra sintonía en materia económica y comercial, educativa y cultural, o de seguridad y defensa.
 
Los grandes retos que hoy hemos de afrontar en el escenario global donde todos convivimos, hacen que esa colaboración sea particularmente valiosa. Debemos seguir progresando por ese buen camino, pues, no en vano, nuestros dos países comparten similares valores, y también similares prioridades y modos de abordar los problemas.
 
 
México y España estamos lejos de las posturas aislacionistas o de las derivas centrípetas, por desgracia hoy tan en boga.
 
Ambos países coincidimos en la idea de que el diálogo, la multilateralidad y el aperturismo, son siempre las mejores recetas: para propiciar el progreso económico y social; para solucionar los conflictos; y para abordar los grandes desafíos de nuestro tiempo, como son los relativos a la seguridad, el medio ambiente o la garantía universal de los derechos humanos.
 
Y coincidimos también en la visión de la política como instrumento al servicio de los intereses generales de los ciudadanos, así como en la valoración de la democracia parlamentaria como el sistema idóneo para la defensa de esos intereses y la mejor garantía de la convivencia cívica.
 
Es esa sintonía la que, en suma, alienta este foro de cooperación interparlamentaria, cuya decimoquinta edición arranca hoy.
 
En nombre de la delegación parlamentaria del Senado de España, quiero expresar mi deseo, más aún, mi convicción de que este encuentro se saldará de un modo tan fructífero como los que le han precedido; y que de ese modo, contribuirá a nuestro gran objetivo común, que no es otro que es el fortalecimiento de los lazos de hermandad entre México y España.
 
Muchas gracias.