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El Congreso de los Diputados y el Senado están disueltos desde el 5 de marzo de 2019. Se volverán a constituir el 21 de mayo de 2019. 

Palabras del Presidente del Senado en el Acto del Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad (Palacio del Senado)

Miembros de la Mesa del Senado; Portavoces de los Grupos Parlamentarios; Sr. Ministros de Justicia; Sres. Embajadores; Autoridades; Señoras y Señores,

 

Vamos a dar por concluido esta sesión conmemorativa del “Día de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad”. Y no querría hacerlo sin antes reiterar mi agradecimiento a todas las personas que han colaborado y hecho posible este sentido homenaje del día de hoy.

 

Hace pocos días los medios daban la noticia de que, en las excavaciones que se están realizando en el campo de Sobibor, en Polonia, los investigadores habían encontrado un colgante de una joven judía alemana, llamada Karoline Cohn.

 

El colgante se hallaba en el corredor que conducía a la cámara de gas subterránea del campo, por lo que, posiblemente, su propietaria, una chica de 14 años, lo perdería momentos antes de ser allí asesinada.

 

Sobibor fue uno de los campos de la muerte, en el que más de 250.000 inocentes fueron asesinados, y que los nazis intentaron borrar de la faz de la tierra, desmantelando sus instalaciones y cubriéndolas, incluso, bajo capas de cemento.

 

Absurda y cobardemente, pretendían así ocultar las pruebas de sus horrendos crímenes, para poder seguir negando la realidad del Holocausto, de esa “solución final” que ellos mismos habían planificado y ejecutado con una metódica, eficiente y despiadada frialdad.

 

Sin embargo, no hay ni maldad ni necedad suficiente en el mundo para poder ocultar o negar la existencia del Holocausto.

 

Porque, al igual que ha sucedido con el colgante de la desventurada Karoline Cohn, por más que se la quiera enterrar bajo toneladas de hormigón, la verdad siempre acaba saliendo a la luz.

 

El Holocausto no es ni una leyenda, ni un concepto abstracto, ni mucho menos, como se dice ahora, un “significante vacío”.

 

El Holocausto es un hecho histórico, situado en unas coordenadas temporales y espaciales concretas; con víctimas y victimarios identificados por sus nombres y apellidos; y producto de unas causas pormenorizadamente estudiadas por los historiadores.

 

El Holocausto es, así, una realidad clavada como un puñal en la memoria colectiva del género humano. Un estigma que jamás podremos olvidar, ni relativizar, y del que sólo podremos redimirnos si impedimos que nunca nada parecido vuelva a suceder, que no haya margen para ningún crimen más contra la humanidad.

 

Conocer y recordar el Holocausto es mucho más que un mero ejercicio de memoria histórica: es, para todos los seres humanos, una ineludible obligación moral, porque sirve para vacunarnos contra el rebrote de los gérmenes que lo hicieron posible.

 

Por eso, hemos de estar siempre vigilantes frente al enorme peligro que representan aquellos que se valen de la política para agitar pasiones y sofocar razones.

 

Debemos estar alerta ante quienes vienen a manipular nuestras emociones colectivas; ante quienes pretenden cautivarnos con el embrujo de sus falsas utopías; y quieren que olvidemos algo tan fundamental, tan irrenunciable, como que el ser humano, cada ser humano, es un fin en sí mismo y nunca puede ser utilizado como un simple medio para conseguir nada.

 

Tenemos la obligación, no de ser pasivos o indiferentes, sino implacables contra aquellos que, aviesamente, cultivan el odio entre seres humanos por sus diferencias de ideas políticas o de creencias religiosas, por su identidad sexual, sus costumbres, su origen o su color de piel.

 

En nombre de la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos, debemos alzar nuestra voz contra todo intento de excluir a nadie por el simple hecho de ser distinto.

 

Tal es, sin duda, el mayor homenaje que, solidariamente, podemos tributarles a todas las víctimas inocentes del nazismo y de cualquier otra forma de barbarie.

 

Y no únicamente en este día, tan señalado, que dedicamos a la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, sino todos los días y en todas las ocasiones.

 

Muchas gracias. Damos por concluido este acto.