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20 OCTUBRE 2017

XII LEGISLATURA

Montaña verde con puerta morada, 1985

José Luis ALEXANCO (Madrid, 1942)
- Acrílico sobre lienzo -
120 x 190 cms

José Luis Alexanco estudió en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Su primera producción se situaba dentro de un expresionismo figurativo. Después su creación se orientó hacia las estructuras seriales, repetitivas. Entre 1969 y 1972 participó en el "Seminario de generación automática de las formas plásticas" del Centro de Cálculo de la Universidad Complutense. También trabajó con el músico Lus de Pablo en el espectáculo "Soledad Interrumpida" (1971) y en la organización de los célebres "Encuentros en Pamplona" (1972), que fueron un hito en la introducción en España de las corrientes vanguardistas del arte de acción.

A mediados de la década de los setenta, Alexanco inicia una recuperación de la pintura donde se darán cita el lenguaje constructivista y la exaltación del color. Sus abstracciones se basan entonces en unidades como células que cubren de manera más o menos uniforme la superficie pictórica. Estas tramas celulares van desvaneciéndose hacia 1983, para dar paso a un tipo de composición en singular, con una única figura que domina cada tela.

En 1984-85 Alexanco produce una serie de pinturas -entre las cuales se encuentra Montaña verde con puerta morada- dominadas por los polígonos: triángulos, trapecios o pentágonos irregulares, inclinados respecto al marco y distorsionados. Casi siempre hay en juego dos elementos geométricos (a menudo triángulos) que se superponen o intersectan formando diversas combinaciones, tocando con sus vértices el borde del lienzo. Los títulos son a veces descriptivos (Pentágono negro, Pieza simétrica, Picos negros, Violeta en flecha, Estrella) y otras veces, más figurativos o metafóricos (Hebilla marcial, Algo nevado, Escudo, Cangrejas, Encuentro sin fuste, Eslabón con ganas...). Estas pinturas están ejecutadas en una pasta densa y de colores mates, con una pincelada tumultuosa, con rápidos trazos negros en los bordes de los polígonos, donde se aprecia la huella del neoexpresionismo de la década. En el extremo opuesto al apriorismo sistemático de la creación anterior del artista, ahora se exalta la espontaneidad (o el automatismo) del proceso: la obra se decide mientras se pinta. (Texto de Guillero Solana Díez, dentro del libro "El Arte en el Senado", editado por el Senado, Madrid, 1999, pág. 434).