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18 OCTUBRE 2017

XII LEGISLATURA

Muerte del marqués del Duero (Montemuro 27 de junio de 1874), 1884

Joaquín AGRASOT Y JUAN (Orihuela, Alicante, 1837 - Valencia, 1919)
- Óleo sobre lienzo -
378 x 513 cms

El catálogo de la Exposición Nacional de 1884, donde esta obra fue exhibida en público por primera vez, incluye un largo texto explicativo del tema representado: "El Marqués del Duero, con haberse separado los del cuartel general para recoger los caballos, quedó solo con el asistente Ricardo Tordesillas, que le servía hacía tiempo de ayuda de cámara, y a quien dijo éstas, que apuntamos como últimas palabras: `Ricardo, el caballo´. Ricardo le acercó el caballo, y le situó de través en la pendiente para que el general lo montase mejor, y al cruzar este la pierna derecha, una bala de fusil, procedente sin duda de las trincheras de Murugarren, fue a atravesarle el pecho, derribándole, sin que bastasen las fuerzas de su criado, que quiso recogerle en sus brazos. El general parecía exánime, no asomando a sus labios ni a rasgo alguno de su fisonomía, la menor señal de vida. / A las voces y lamentos del soldado acudió el capitán Grau, y perplejos éste y el soldado sobre lo que debían hacer, se resolvieron a bajar al general dos o tres bancales, y el capitán Grau cogiéndole por los brazos y Ricardo levantándole por las rodillas, lograron ganar un pequeño rellano, al que momentos más tarde llegaba el teniente de húsares D. Federico Montero. / No bastaban las fuerzas de Grau y de Ricardo para levantar al general hasta la silla, en donde le recibiera Montero, y acudieron primero a un corneta herido que se arrastraba penosamente en pos de ellos, y después de un sargento y otro soldado, con cuyo auxilio y la mayor solicitud, se le llevó a los brazos del afortunado oficial de húsares, que puede envanecerse de haberlo conducido y abrazado a Abarzuza. Así, y cogido de un lado por Ricardo y del otro por Grau, descendió aquel triste cortejo".

El lienzo representa el momento en el que el cuerpo del general Manuel Gutiérrez de la Concha, que combatía al frente del ejército del Norte contra las tropas carlistas, es retirado sobre su caballo por sus oficiales, después de ser alcanzado por una bala en la batalla de Montemuro, junto a Lodosa. La Historia Contemporánea de Pirala, que tradicionalmente ha sido considerada como la fuente iconográfica principal, describe ese momento en estos términos: "Después de reconocer el general Concha las posiciones enemigas de Monte Muru, volvió al cuartel general, dejando, a su pesar, el ataque para el día siguiente. Pero la reserva liberal, que había subido flanqueando, vióse acometida por los carlistas, que la rechazaron a la bayoneta. Mandó entonces Concha a los del cuartel general que montaran, y separados éstos para recoger los caballos, quedó solo el general con su asistente Ricardo Tordesillas. Pidió a éste su caballo, y al montar, una bala de fusil le atraviesa el pecho, cayendo Concha exánime a tierra. A las voces de Ricardo acude el capitán Grau, y después de muchos esfuerzos, ayudados por un corneta herido y otros soldados, pudieron colocar el cadáver sobre el caballo del teniente de húsares D. Federico Montero, y abrazado por éste sobre la silla mientras Grau y el asistente le sostenían por las piernas, condujeron el cuerpo del Marqués del Duero hasta Abarzuza".

Más interesado por temas de carácter anecdótico, aunque, en realidad, trató todos los géneros, Agrasot aplica aquí a un cuadro de asunto histórico su técnica densa y desenvuelta, con una gran frescura en su ejecución, que evidencia el carácter realista de la representación, donde destacan los colores claros y luminosos, como si la escena hubiera sido tomada casualmente del natural.

Es obvio, sin embargo, que se trata de una obra de asunto, con una clara intención de dignificar la figura del militar, lo que hay que situar en el marco de exaltación de este personaje, lo mismo que otros combatientes contra el carlismo en los primeros años de la Restauración alfonsina. A raíz de la muerte del Marqués del Duero, el Ayuntamiento de Madrid había convocado un concurso, el 31 de agosto de 1875, para erigir un mausoleo, ubicado en el Panteón de Hombres Ilustres y diseñado por Mélida, y una estatua ecuestre, obra de Andrés Aleu, inaugurada el 27 de junio de 1885, once años después de la muerte del general. Precisamente uno de los relieves que adornan el pedestal, obra de Pablo Gibert, representa, también, el momento en el que el marqués cae herido en la batalla de Montemuro.

La obra no obtuvo ninguna medalla en la Exposición Nacional de 1884 -según Sequeros López por la animadversión personal de algunos miembros del jurado hacia el pintor- ni ocupó atención preferente entre los críticos contemporáneos. En tono jocoso, Vicente de la Cruz dedicó estos versos a la pintura: "Señor, por más que batallo / yo no alcanzo a comprender, / de los dos quien puede ser / el que montaba el caballo. / Patriótico pensamiento, / pero está sin acabar, / porque es difícil pintar, / ese histórico momento". (Texto de Carlos Reyero Hermosilla, dentro del libro "El Arte en el Senado", editado por el Senado, Madrid, 1999, págs. 236 y 238).