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24 OCTUBRE 2017

XII LEGISLATURA

Mauricio Carlos de ONIS MERKLEIN (Dresde, Alemania, 1790 - Madrid, 1861).

José María GALVÁN Y CANDELA (1837-1899)
- Óleo sobre lienzo -
100 x 75 cms

El cuarto Presidente del Senado, Mauricio Carlos de Onís y Mercklein, nació en Dresde (Sajonia) en 1790. De ascendencia germana, como denuncian su nacimiento y apellido materno, se dedicó  a la carrera diplomática, alcanzando destinos tan importantes como el de Embajador en Londres. Se ocupó también de la política siendo Ministro de Estado en varios gobiernos hasta que se retiró en 1840, aunque todavía presidiera el Senado en la Legislatura de 1843-1844, la de la mayoría de edad de Isabel II. Miembro activo de la Sociedad Económica Matritense se interesó igualmente por la modernización de España.

José María Galván lo retrató entre 1879 y 1881, lo que indica que es un retrato póstumo pues el retratado murió en 1861. Lleva uniforme de gala -podría corresponder al antiguo uniforme de senador pues lo portan también otros miembros de la Cámara Alta- y la banda y gran cruz de la Orden de Isabel la Católica. Como en otros retratos semejantes del mismo autor se puede ver su habilidad para reproducir los entorchados y las condecoraciones, pero también su impericia habitual en la representación de las manos, en especial la izquierda, o en el desproporcionado brazo derecho que reposa de una manera forzada.

Galván tuvo en su época fama de retratista, lo que puede explicar tanto sus colaboraciones con el Senado como con la Junta de Iconografía Nacional. Sin embargo, las glosas que le dedican los críticos, si bien reconocen dicha fama, no son precisamente muy halagüeñas. Así, en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881, donde presenta este retrato junto con el de Barzanallana, especificando que son propiedad del Senado, sólo merece dos comentarios muy poco favorables. En el primero ACHE sostiene que: Ha defraudado las esperanzas de quienes estiman en cuanto vale el Sr. Galván y Candela (D.J.M.), reputado retratista. En el segundo Alfredo Vicenti se desentiende por completo de los retratos de los presidente de la Cámara Alta para fijarse únicamente en otro de los presentados por Galván, una dama, sin pies, ni suelo, ni fondo, semejante a algunas de esas imágenes denominadas por nuestros físicos de teatro, espectros luminosos, pero así y todo valientemente desempeñada.