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12 DICIEMBRE 2017

XII LEGISLATURA

Joaquín SÁNCHEZ DE TOCA Y CALVO. Marqués de Toca (Madrid, 1852 - Pozuelo, Madrid, 1942).

Luis MENÉNDEZ PIDAL (1682-1932)
- Óleo sobre lienzo -
100 x 75 cms

El abogado Joaquín Sánchez de Toca, vigésimo cuarto Presidente del Senado, nació en Madrid en 1852. Simultaneó los estudios de Derecho con los de Sociología, Filosofía e Historia lo que le dio una amplia formación humanista. Afiliado al Partido Conservador, participó activamente en la política del momento tanto a nivel local -fue dos veces Alcalde de Madrid, en 1896 y 1917- como nacional con su continua presencia en el Senado desde la Legislatura de 1898-1899, representando a la Universidad de Sevilla, pasando ya en la Legislatura siguiente a Senador vitalicio. Ocupó la Presidencia del Senado en 1915 a la muerte de Azcárraga, su antecesor. Repetiría posteriormente en 1921 y 1922, antes de ser sustituido por el Conde de Romanones, el último presidente de esta etapa. Sánchez de Toca dejó también una serie importante de publicaciones, fruto tanto de su estudio como de la experiencia acumulada en sus distintos destinos. Es el caso de su obra Regionalismo, municipalismo y centralización aparecido en 1921.

Luis Menéndez Pidal, el autor del retrato, ha sabido reflejar su carácter de humanista y estudioso, al presentarlo con una gran naturalidad en la intimidad del despacho particular. Al contemplarlo en la Galería de Presidentes del Senado se puede echar en falta el tono representativo, propio del cargo, presente en la mayoría de los otros retratos. Sin embargo, no debe sorprender este hecho ya que el retrato de Sánchez de Toca es de 1909, es decir, seis años anterior a su primer nombramiento como Presidente del Senado.

Luis Menéndez Pidal sólo ha pretendido expresar la personalidad del retratado en la misma línea que había hecho con otros retratos de Presidentes del Senado, siguiendo fiel a la gran escuela española -recuérdese que era un consumado estudioso de Velázquez y Carreño- y a Federico de Madrazo. Fidelidad que argumenta teóricamente en su discurso de ingreso en la Academia (1907) al explicar el método del artista ideal: A fin de lograr esta armonía y equilibrio, busca el artista en la naturaleza aquellos elementos, aquellas formas similares a su idea, y cuando las encuentra, las combina, las reproduce, las copia, tomando de ellas escrupulosamente lo esencial, lo necesario para la representación, eliminando lo inútil y lo superfluo. Sólo en este sentido decimos que el arte imita a la naturaleza, que su objeto es la imitación. Más lo primero que ha de procurar el artista al tomar de la naturaleza los signos necesarios para representar sus concepciones es ser sincero, porque la primera cualidad que ha de poseer el medio de expresión es la sinceridad. Nunca ha de ser producto de una habilidad o de un hábito, de una afectación o de un capricho, de una extravagancia y una calentura de la imaginación, y ha de nacer fresco y espontáneo de un vehemente deseo de exteriorizar con fidelidad la emoción sentida.

Lógicamente el retrato responde a este credo artístico, sin la menor concesión  a los cambios introducidos por las corrientes del momento, profundamente clásico y por lo tanto anacrónico, si tenemos en cuenta la evolución del arte occidental, pero con plena vigencia en España, al menos en el arte oficial, como lo prueba el hecho de que todavía en 1924, Luis Menéndez Pidal recibiera el premio de honor en reconocimiento a toda su obra representada por El viático en la aldea.