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19 OCTUBRE 2017

XII LEGISLATURA

Francisco Javier ISTÚRIZ Y MONTERO (Cádiz, 1785 - Madrid, 1871).

José María GALVÁN Y CANDELA (1837-1899)
- Óleo sobre lienzo -
100 x 75 cms

El octavo Presidente del Senado, Francisco Javier Istúriz, nació en Cádiz en 1890. Luchó en la Guerra de la Independencia y, tras su conclusión, conspiró contra la restauración del absolutismo borbónico, siendo uno de los colaboradores más fieles de Alcalá Galiano e incitador del levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan. Presidió las Cortes liberales de Sevilla y Cádiz en 1823 al abandonar los diputados Madrid ante la amenza de la intervención francesa. Fue uno de los partidarios más firmes de la inhabilitación de Fernando VII, por lo que, no es extraño, que después de su reposición en el trono tuviera que exiliarse en Inglaterra.

Muerto el Rey, regresa a España colaborando activamente con Mendizábal como Presidente del Congreso. Cargo que ocupará nuevamente con Espartero en 1838. Sustituye a Mendizábal como Presidente del Gobierno, repitiendo en 1846 y 1848. Fue igualmente Ministro de Estado, además de embajador en Inglaterra, Rusia y Francia, y Presidente del Senado, como se ha indicado antes en la Legislatura de 1858. Istúriz cuenta así con uno de los expedientes más ricos de todo el siglo XIX.

No se corresponde, en cambio, su importancia histórica con la calidad del retrato, uno de los más discretos de toda la Galería de  Presidentes del Senado. Su autor José María Galván, parece inspirarse en el que Gisbert, sustituyendo a Suárez Llanos, había hecho en 1871 para el Congreso de los Diputados, iniciando la Galería de Presidentes de esa Cámara. Confrontados los dos retratos, el Istúriz de Galván parece ausente, embutido en el uniforme de gala de embajador, como si fuera un maniquí, para darle a su autor la posibilidad de lucir su habilidad en la reproducción de entorchados y condecoraciones como el gran collar del Toisón o la placa de la Orden de Carlos III. Los rasgos son también mucho más duros y carece de la habilidad de Gisbert para reproducir las carnaciones, lograr las sutilezas del negro de su traje, o la fusión de la figura con el fondo. Además, al disminuir sensiblemente las proporciones del cuadro -1,00 x 0,75 frente a 1,30 x 0,97 de aquél- la figura resultante es bastante menos esbelta. En resumen, hay una gran diferencia de calidad que viene sancionada también por el precio pues mientras Gisbert cobró 2.500 ptas, Galván sólo llegó a las 375 ptas, que denuncian su condición de copia antes que de retrato original.