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20 NOVIEMBRE 2017

XII LEGISLATURA

Laureano FIGUEROLA BALLESTER (Calaf, Vic, Barcelona, 1816- Madrid, 1903).

Eduardo BALACA Y CANSECO
- Óleo sobre lienzo -
100 x 75 cms
 

Laurenao Figuerola y Ballester, decimotercero presidente del Senado, nació en Calaf (Barcelona) en 1816. Cursó estudios de filosofía y derecho licenciándose por la Universidad Central de Madrid en 1840. Combinó el ejercicio de la abogacía con la enseñanza en las Universidades de Madrid y Barcelona ganando sucesivamente las cátedras de derecho administrativo, político y de legislación mercantil. Representó a España en el congreso de Lausana de 1856 sobre el sistema tributario. Dos años más tarde fue elegido Diputado por Barcelona, iniciando así una brillante carrera política siempre desde su militancia en partidos progresistas.

Al estallar la Revolución de 1868 se convirtió en uno de los seguidores más fieles de Prim, formando parte de la Junta Suprema de Gobierno que intentó aplicar una serie de medidas encaminadas a la transformación urgente y radical de la sociedad española: separación de Iglesia-Estado, aprobación del matrimonio civil, establecimiento de un salario mínimo, extinción de las órdenes religiosas posteriores a 1835, exclaustración voluntaria de todas las órdenes religiosas y expulsión de los jesuitas. Ministro de Hacienda en el Gobierno provisional de Serrano (1868) repitió cartera en 1870 aunque no pudo conseguir los logros que su preparación e ideas hacían presuponer. Este mismo año fue elegido Senador por Madrid, afiliándose al partido radical de Ruiz de Zorrilla que lo llevó a la Presidencia del Senado en la Legislatura de 1872-1873.

Al abdicar Don Amadeo, Figuerola votó por la República, manteniéndose fiel a esta idea incluso después de la Restauración, hasta el punto de ser uno de los firmantes -junto a Salmerón, Ruiz Zorrilla o Cristino Martos- del manifiesto del 1 de abril de 1876 que dio paso al nacimiento del Partido Republicano Progresista. No obstante su actividad política decae enormemente, limitándose a la publicación de libros, al paso fugaz como Concejal del Ayuntamiento de Madrid o la presidencia de instituciones como el Ateneo o la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas desde 1898 hasta su muerte en 1903.

Eduardo Balaca fue el pintor elegido para inmortalizar en el Senado a este presidente de vida tan activa y comprometida a que se debe una de las medidas más duraderas e influyentes de la España contemporánea: la adopción de la peseta como moneda oficial de la nación. En cuanto al retrato se puede significar que Eduardo Balaca está bastante más acertado que en los retratos de sus predecesores Gómez Becerra y Ezpeleta, tanto en la composición, con la acertada disposición del personaje y la estudiada gradación del color, como en la ejecución de la figura, por lo que aparece más seguro y suelto, si bien todavía adolece de un excesivo detallismo de dibujo, especialmente en la mano izquierta, y de una imperfecta fusión de la figura con el fondo, que refuerza su hieratismo.