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11 DICIEMBRE 2017

XII LEGISLATURA

Arsenio MARTÍNEZ CAMPOS Y ANTÓN (Segovia, 1831 - Zarauz, 1900).

Federico DE MADRAZO Y KUNTZ (1815-1894)
- Óleo sobre lienzo -
100 x 75 cms

El segoviano Arsenio Martínez Campos (1831-1900), decimonoveno Presidente del Senado, fue un brillante militar cuyos triunfos bélicos han quedado oscurecidos por sus injerencias y actuaciones políticas típicas de los militares decimonónicos. Así, hoy se le recuerda por el pronunciamiento de Sagunto (29 de diciembre de 1874) que devolvió el trono a Alfonso XII, por el sonado atentado que sufrió en Barcelona en 1893 desencadenando la serie de acciones anarquistas y represalias gubernamentales que tanto turbaron la vida de la ciudad Condal, o por sus heroicas actuaciones y repetidos éxitos en las guerras carlistas, en la Guerra de África y, sobre todo, en la Guerra de los Diez Años de Cuba, a la que puso fin con la paz de Zanjón en 1878. Ocupará también por dos veces la cartera de Guerra e, incluso, brevemente la Presidencia de Gobierno en 1878.

Como se ha explicado ya a propósito del Marqués de La Habana la faceta de retratista rige claramente la trayectoria artística del autor de esta obra, Federico de Madrazo. Es más, pese a las lamentaciones posteriores del propio artista, el retrato se convierte en objeto exclusivo de su producción desde que se establece definitivamente en Madrid en 1842. El pintor anota minuciosamente todas las obras que hace y por este "registro" se puede saber que entre 1842 y 1894 realizó y cobró 409 retratos, aparte de los 228 que regaló. En consecuencia, como apunta Beruete, casi no hay una casa importante y rica hoy en Madrid, que no posea una obra de este ilustre pintor español. Si a ello unimos los honores que cosechó y los cargos oficiales que desempeñó, se explican los recelos y envidias que levantó entre los artistas, muchos de ellos, además, discípulos. Pero, como afirma Ossorio, el catálogo de su obra basta para confundir a sus detractores.

En dicho catálogo tiene un lugar especial el retrato del General Martínez Campos, uno de los últimos que firma y anota el artista, realizado, además, antes de que el General ocupara la Presidencia del Senado. En él quedan perfectamente reflejadas las características distintivas de Federico de Madrazo: su habilidad para reproducir la indumentaria y convertir en esencial lo ornamental, su especial modo de diluir los contornos con suaves esfumaturas que a la par que acentúan la morbidez de las carnaciones aumenta la elegancia, nobleza y apostura del modelo, o la capacidad y concentración expresiva de sus personajes. Parece atender así a los  principios de Overbeck al concebir los retratos como modelos ideales. Por ello, se le puede aplicar, sin merma de la bizarría exigible a todo militar, el comentario que en 1856 hace La Esperanza a propósito de la Condesa de Vilches: ¿Qué importa que divinice a la hermosura, si al hacerla no enmienda en nada a la naturaleza? También Homero divinizó a Ulises, Virgilio a Eneas, y quizás, y aún sin quizás por eso son imitables en la poesía épica.